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C2- ENVÍALA AL EXTERIOR.

Author: Paulina W
last update publish date: 2026-01-15 03:21:51

C2- ENVÍALA AL EXTERIOR.

—¡Abuela, quiero el divorcio!

La voz de Angelo sonó fría, cortante, y ya se estaba dando la vuelta cuando Adelina lo sujetó del brazo con fuerza inesperada.

—¿Qué tonterías dices? —le espetó—. Le prometí a los padres de Aurora que la cuidaría bien. Apenas llevan meses casados y ella... —titubeó— ella solo tiene dieciocho años, Angelo, todavía es inmadura.

Él se giró de golpe.

—¿Inmadura? —repitió, apretando los puños—. ¿Y eso justifica lo que hizo?

Sus ojos se endurecieron con una luz helada cruzándolos.

—Es probable que el hijo de mi hermano se muera —continuó—. ¿Y pretendes que actúe como si nada? ¿Acaso no te importa? ¡¿Es más importante esa huérfana?!

La bofetada llegó sin aviso, pero Angelo apenas parpadeó y su indiferencia no hizo más que aumentar.

—Yo no quería casarme con ella. ¡Tú me obligaste! Así que no me pidas que la entienda ni que la comprenda. Porque en lo que a mí respecta, voy a divorciarme.

La furia lo consumía.

Porque si había un punto débil en Angelo Russo, era su hermano mayor, Alan, que llevaba meses en coma tras un accidente de auto. Aquella había sido la primera noticia que recibió al regresar de una misión encubierta en el extranjero, tras semanas sin contacto, tras pedir un permiso especial que aún le pesaba en los huesos.

Adelina lo miró largo rato, como si buscara al niño que había criado y luego se giró, apoyándose en su bastón.

—Sí, te obligué —admitió—. Porque sé que es lo mejor para ti.

Volvió a enfrentarlo, esta vez firme.

—Ella puede hacerte feliz, Angelo. Y tú puedes hacerla feliz a ella, solo tienes que...

—Me casé para complacerte —la interrumpió—. Pensé que podría tener al menos un matrimonio estable. Pero Aurora es celosa, posesiva, altanera... y después de esto, ya no puedo. No puedo aceptar a una esposa así.

Adelina apretó el bastón, deseando poder sacudirlo hasta hacerlo entrar en razón, pero su nieto era testarudo.

—Bien —dijo al fin—. Si no quieres verla, no hay problema, no dejaré que la veas.

Angelo frunció el ceño.

—¿Qué vas a hacer?

—La enviaré al extranjero y la mantendré alejada de ti. ¿De acuerdo?

Él tardó unos segundos en procesarlo.

—¿Al extranjero?

—Sí. Aurora quería estudiar arquitectura —respondió Adelina—. Es una buena ocasión. Puede terminar su carrera, madurar... creo que un poco de distancia les hará bien.

Angelo bufó.

—¿No te das por vencida, verdad?

—Hice una promesa —replicó ella— y voy a cumplirla. Y sigo creyendo que tú y Aurora están hechos el uno para el otro. Solo es cuestión de tiempo para que lo veas.

Él negó despacio, sabía que su abuela no cambiaría de opinión ni en mil años.

—Bien —dijo, cansado y queriendo zanjar el tema—. Haz lo que quieras.

Arriba, Aurora retrocedió en silencio y corrió a su habitación. Cerró la puerta y, en cuanto el pestillo encajó, las fuerzas la abandonaron. Se dejó caer al suelo y las lágrimas, contenidas durante horas por fin brotaron.

—Angelo... —susurró—. No sabía que me odiabas tanto. Ni que nuestra boda fue... forzada.

Sus padres habían muerto cuando ella tenía quince años. Desde entonces, Adelina Russo la había acogido como a una nieta. Siempre fue amable, cálida, protectora y cuando cumplió dieciocho, le preguntó si le gustaría casarse con Angelo.

Ese fue el mejor día de su vida.

Porque Aurora llevaba años enamorada de él en silencio y soñaba con ser su esposa. Desde la boda, su mundo fue Angelo Russo. Cocinaba para él, se vestía para él, lo seguía a todas partes, convencida de que debía proteger lo que era suyo.

Era su esposa y él era de ella.

Pero todo había sido una ilusión. Una mentira enorme que ahora la golpeaba en la cara.

Se cubrió la boca y lloró con amargura hasta que un golpe en la puerta la sobresaltó.

—Aurora, ¿estás despierta?

Era la abuela, se limpió las lágrimas a toda prisa, se puso de pie y abrió la puerta.

—Abuela...

—Hmm.

Adelina la observó y vio que sus ojos estaban rojos, hinchados, supuso que había llorado toda la noche. Aun así, no pudo perdonarla con facilidad, le tomó la mano y la llevó hasta el sofá.

—Siéntate, cariño.

—Abuela... —Aurora ya sabía lo que venía. Y, en el fondo, estaba de acuerdo. Si Angelo la despreciaba tanto, ¿para qué seguir casados?

Pero Adelina no le dio oportunidad de hablar.

—¿Recuerdas que me dijiste que querías ir a la Universidad de Columbia, en Nueva York? —dijo—. Bueno, la abuela lo arreglará todo. Te irás lo antes posible.

Aurora la miró, atónita. Entendió de inmediato: la estaban enviando lejos. Y fue imposible que los ojos no se le llenaran otra vez de lágrimas.

—Aurora... —Adelina la abrazó, a decir verdad la amaba, para ella era su nieta, aunque no llevara su sangre y verla triste le rompía el corazón—. De ahora en adelante contrólate, ¿de acuerdo? A veces eres demasiado impulsiva, sobre todo cuando se trata de mi nieto, y más si hay una mujer cerca de él.

Le sostuvo el rostro.

—Para algunas cosas puedo hacer la vista gorda. Pero no ahora. Jimena es la esposa de mi otro nieto, la cuñada de tu marido. ¿Acaso crees que hay algo entre ellos?

Aurora abrió la boca, pero se quedó sin voz.

—Abuela, yo...

Adelina le besó la frente y se apartó.

—Vamos. No pierdas tiempo. Empaca y prepárate para irte.

Desde la puerta, la miró una última vez.

—Espero de verdad que este tiempo sola te ayude a madurar y que, cuando regreses, seas la esposa que necesita mi nieto.

Se fue.

Aurora quedó inmóvil, sintiendo la decepción caerle encima como una losa.

Nadie le había creído. Nadie le había permitido explicarse.

Tal vez irse era lo mejor, dejar todo atrás.

Pero de pronto, una náusea violenta le subió desde el estómago y se llevó la mano a la boca y corrió al baño. Se arrodilló frente al inodoro y vomitó. Se quedó allí, respirando con dificultad, sin saber que ese malestar era apenas el comienzo de algo que cambiaría su destino.

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Comments (4)
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Claudia Serrano
Claro la abuela no se da cuenta que esa Jimena no tiene porqué estar pegada a Angelo, es su cuñado no su esposo. Aurora ya sospecha por la cercanía de ellos, además ese perro de Angelo es cariñoso con Jimena y no debe ser así, es está casado.
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Elda Marquez
El tiempo te dará la razón, y el embarazo te hará una mujer fuerte...
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Katty Collado
Omg Aurora quedarás en shock
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