FAZER LOGINAmelia
Infierno… ¿qué me pasa?
Desde que descubrí que solo me mantenía como una bolsa de sangre para Sophia y que ese hombre amaba tanto a su primer amor, supe que este día llegaría.
Sabía que sería reemplazada con tanta facilidad. Y luego él tendría la verdadera boda que siempre quiso.
Aun así, la ansiedad me devoraba. Después de esto… ¿qué más pasará conmigo? Apreté el puño con frustración y volví a distraerme por la vibración de mi teléfono.
Sean…
Sentí como si acabaran de darme una respuesta a toda esta situación. Tomé mi teléfono con rapidez.
—Sean.—
—Amelia, lo siento por llamarte así, pero quizá podrías venir al teatro conmigo mañana.
Empecé a calmarme. La ansiedad que me estaba ahogando comenzó a disminuir, poco a poco.
—Está bien, Sean.
¿No me ignorarían aún más cuando todo volviera a ser como antes? Tendría aún menos lugar en mi familia—o a su lado.
La necesidad de proteger a Julian me hizo darme cuenta de que también debía empezar a pensar en mí misma. Necesitaba fuerza. Sabía que si todo seguía así, no podría protegerme ni a mí ni a Julian.
Lo entiendo perfectamente.
No podía apartar a Sean.
—¿De verdad puedes?—
—Sí —respondí rápidamente.—
—Está bien, pensé que tal vez dirías que no, ya que te lo pedí tan de repente.—
Esbocé una leve sonrisa. La situación que enfrentaba era tan incierta, pero quería aferrarme a cualquier salvavidas que pudiera ayudarme a salir a flote.
—Nos vemos mañana, Amelia.—
Con eso, la llamada terminó. Sentí un pequeño alivio, como si finalmente tuviera un poco de esperanza para vivir mejor. Tal vez era apresurado, pero en el fondo aún deseaba que él no me abandonara…
Pensar en tantas cosas me hizo doler la cabeza—me recosté en la cama para descansar. Todo pasará, como dicen todos esos videos en internet, aunque a veces esas palabras solo me hacen reírme de mí misma.
No sé cuándo llegará la felicidad para mí…
Por la mañana, mientras preparaba el desayuno para Julian, me sobresalté al ver a Liam observándome. No tenía idea de cuánto tiempo llevaba allí de pie.
Lentamente, se sentó junto a Julian, que estaba esperando su comida.
—Papá— dijo Julian en voz baja.
En ese momento, me sentí muy conmovida al ver esto. Liam tocó suavemente la mejilla de Julian y realmente le respondió.
—¿Sí?—
Y el rostro de Julian se iluminó con una gran sonrisa. Tal vez esto era normal para otros padres e hijos—pero no para Liam. Era la primera vez que incluso tomaba comida de mis manos y se sentaba a desayunar con nosotros.
Comió mi comida sin decir una palabra, como si yo fuera inferior a él. Pero eso hizo que me quedara observándolo en silencio.
¿Estaba de buen humor?
Estaba segura de que sí, porque Sophia había despertado. Fui una cobarde al decidir no preguntarle nada al respecto, incluso apretando mi propia mano para detenerme, demasiado asustada de escuchar lo que diría sobre nuestro matrimonio ahora que Sophia estaba despierta.
Tomé un sorbo de mi jugo e intenté calmarme.
Unos minutos después, terminamos de desayunar. Él dejó que la empleada se llevara a Julian lejos de nosotros.
—Sophia está despierta.—
Cuando esas palabras salieron de su boca, me quedé sin aliento.
—Hoy vienes conmigo al hospital.—
Todos sabían que mi relación con Sophia no era buena, y ahora que sabía que yo estaba casada con Liam, estaba segura de que me odiaría aún más. En aquel entonces, solía provocarme presumiendo todas las formas en que era mejor que yo.
Incluso antes de estar con Liam, nunca entendí por qué me odiaba.
Mientras tanto, yo solo sentía celos de ella porque recibía toda la atención, pero nunca la odié.
—Hoy quiero quedarme en casa— dije, tratando de evitar tener que verla.
—¿Crees que puedes hacer eso?— respiró hondo un par de veces antes de hablar de nuevo—. Vas a venir al hospital para donar tu sangre otra vez. Sophia la necesita.
Me recordó cuál era mi lugar.
Debí haberlo sabido. No iba al hospital para felicitar a Sophia ni para fingir ser amable con ella como si fuéramos cercanas. Por supuesto, se trataba de ella… de la sangre.
Lo miré fijamente. Mi corazón latía con fuerza. Aún estaba paralizada cuando tomó mi mano.
—Date prisa.—
Tiró de mi mano, y eso me dejó en blanco. Lo seguí y, un segundo después, ya estaba en el auto. Durante todo el camino permanecí en silencio, incluso cuando la enfermera llamó al médico.
Las voces a mi alrededor resonaban en mi cabeza.
—Sophia acaba de despertar de su coma. No quiero que la veas ni que hagas nada.—
Lo miré lentamente a los ojos, sin poder responder. Él no lo sabía—yo tampoco quería ver a Sophia. Y su opinión sobre mí siempre había sido tan terrible.
¿Qué pensaba que iba a hacerle a la mujer que tanto amaba?
Sí, entendía por qué me trataba así, porque me odiaba.
A pesar de todo, deseaba que хотя fuera una vez me mirara con dulzura después de darle mi sangre a Sophia.
Había hecho tanto.
Me levanté bruscamente de la cama del hospital—un poco de valentía surgió en mí.
—Me alegra que esté despierta. Así ya no tengo que darle mi sangre.—
—Necesita estar completamente sana, así que cuídate.—
Le lancé una breve mirada, sintiendo amargura mientras me alejaba de él. La verdad es que una vez me obligó a comer ciertos alimentos para mantener mi sangre —lo suficientemente buena—, hasta que terminé vomitándolo todo.
Mi visión se volvió borrosa mientras caminaba, sosteniéndome de la pared para apoyarme mientras avanzaba despacio y con cuidado. Como antes, mi cuerpo estaba siendo llevado demasiado lejos solo para darle sangre. Y todo lo que recibía a cambio era su fría crueldad.
A veces me pregunto cómo sería un matrimonio lleno de amor.
Al salir del hospital, recibí una llamada de Sean.
—Amelia, no olvidaste nuestro plan, ¿verdad?—
Me llevé la mano a la frente.
—Sí—
La verdad, casi lo había olvidado—había estado pensando en ir directamente a casa a descansar y fingir en secreto que todavía era fuerte.
Aclaré mi garganta.
—Pasaré a recogerte— su voz sonaba clara y cálida.
Llegó tan rápido que no esperaba que tardara menos de diez minutos. Incluso trotó hacia mí después de bajar de su coche.
Sus ojos parecieron iluminarse.
—Amelia, ¿estás bien?—
Aún estaba en el hospital, esperando afuera.
—Sí.—
Sean tomó mi mano.
—Entonces, ¿por qué estás aquí?—
Le di una pequeña y tenue sonrisa mientras respondía a su pregunta.
—Solo vine a hacerme un chequeo.—
No estaba segura de si creyó mi respuesta, porque cuando estábamos en el coche, me miraba de vez en cuando.
Rompí el silencio entre nosotros al hablar.
—Sean, voy a divorciarme de mi esposo—
Su rostro mostró una verdadera sorpresa al escuchar lo que dije. Esas palabras no eran ligeras, pero las había pensado una y otra vez, incluso antes de que Sophia despertara. Este matrimonio en el que estoy duele muchísimo.
Y debí haberlo terminado hace mucho tiempo.
—¿Hablas en serio, Amelia?— preguntó —.¿No amabas muchísimo a tu esposo?—
Cada día seguía esperando algún milagro—pero nunca llegó. El dolor solo seguía creciendo dentro de mi corazón.
Respiré hondo.
—Sí lo amé mucho— admití, acomodando mi asiento —.¿Puedes ayudarme, Sean?—
Sean—¡¿Cómo ha podido pasar algo así?!—La copa que acababa de arrojar se hizo añicos. Los fragmentos de vidrio se esparcieron por toda la habitación, pero no me importó, ni siquiera cuando mis dedos comenzaron a sangrar.La ira que sentía era mucho más intensa que el dolor.Ese hombre jamás debió retener a Amelia. Estaba intentando controlarla utilizando a Julian. Y aquel descarado ni siquiera parecía sentirse culpable.Esto también era culpa mía… Si tan solo le hubiera prohibido de verdad a Amelia venir aquí, no habría tenido que encontrarse con él.Gracias a la vida tranquila que llevábamos en nuestro hogar, ella podría haber seguido viviendo así para siempre.Un sentimiento de temor comenzó a apoderarse de mí ante la posibilidad de que las pesadillas que antes atormentaban a Amelia regresaran. Volvería a sufrir un dolor insoportable cada noche.Pero lo que más temía era que Amelia decidiera regresar con aquel hombre, dejándome sin ninguna oportunidad de estar con ella.Durante to
AmeliaDe verdad, no podía ignorar aquellos gritos. Aunque no podía ver lo que estaba sucediendo en ese momento, esperaba que fuera Sean.Él debía de saber perfectamente que yo estaba aquí, atrapada por culpa de aquel hombre.No quería dejar escapar esta oportunidad, así que salí inmediatamente de la habitación e intenté acercarme lo más posible al lugar de donde provenían los gritos.Vi a varias personas moviéndose apresuradamente y, a lo lejos, Liam salió al exterior. Por la expresión de su rostro, estaba segura de que aquello realmente lo molestaba.Me moví en silencio para que no me descubriera. No quería que aquel hombre volviera a arrastrarme a la fuerza.—¿Cómo te atreves a venir aquí?— La voz de Liam resonó con fuerza, cargada de ira.Estaba segura de que odiaba aquella situación. Era el tipo de persona que se tomaba las cosas extremadamente en serio cuando quería deshacerse de alguien.—¡Voy a llevármela de vuelta! ¡La secuestraste y eso es un delito!—Con solo escuchar aquel
AmeliaMaldita sea, siento que estoy prisionera aquí. No puedo salir de esta casa porque está demasiado vigilada por los guardaespaldas que Liam contrató.Ni siquiera ha trabajado durante dos días. No dejo de verlo observándome constantemente, y no me gusta en absoluto, porque sé que normalmente es un hombre muy ocupado.No debería tener tiempo para quedarse aquí todo el tiempo, ejerciendo una presión que me pone la piel de gallina. Lo que está haciendo es casi ridículo, como si tuviera demasiado tiempo libre.Se me seca la garganta cada vez que recuerdo el pasado. Cuando Julian y yo lo necesitábamos, él nunca estaba allí.—Jay, vamos. Necesitas descansar.—Desde donde estaba, llamé inmediatamente a Julian. Sentía que el calor me subía por el pecho porque era demasiado evidente que Liam estaba intentando ganarse a Julian. Lo había invitado a jugar y se comportaba con dulzura.Algo que nunca había hecho antes.Julian me miró, parpadeando lentamente. Dejó con suavidad el juguete que ten
SeanHa pasado un día desde la última vez que vi a Amelia y Julian. Eso me enfurece y no hace más que aumentar mi deseo de destruir a ese hombre.Ya me he preparado para marcharnos de este lugar. Desde el principio, nunca me gustó que Amelia estuviera aquí.Liam es un bastardo que jamás será un buen hombre. Durante el tiempo que fue esposo de Amelia, lo único que hizo fue hacerla sufrir. Cada vez que Amelia no podía dormir tranquilamente debido a las pesadillas que tenía, su nombre se escapaba de sus labios.Sé que es porque Amelia le tiene miedo. La atormentó mentalmente.Cuando me enteré de todo aquello, me llené de rabia porque sus acciones no tenían ningún sentido, como si Amelia hubiera cometido algún error imperdonable.Sé que Liam no logró casarse con la hermana de Amelia, pero eso no fue culpa exclusiva de Amelia.Al ver que Amelia y Julian ya no estaban en la casa, perdí por completo el control y supe de inmediato que Liam tenía que estar detrás de todo aquello. Fui a aquella
Amelia—¿No vas a comértelo?—Miré a Liam, quien preguntó como si no pasara nada en ese momento. La calma reflejada en su rostro me revolvía el estómago.Exhalé lentamente y luego miré a Julian, dedicándole una sonrisa dulce.Como alguien que llevaba una responsabilidad sobre los hombros y que no quería que Julian sintiera lo mismo que yo, aquella inquietud y miedo, le mentí.—Vamos, comamos, Julian. Este es tu plato favorito.—Acerqué su plato y corté rápidamente la carne para dársela a Julian. Cuando se la entregué, él me miró; podía leer la preocupación en su expresión.—Gracias, mamá— dijo suavemente, como siempre.Mantuve la mirada fija en él hasta que masticó el trozo de carne que acababa de llevarse a la boca. Parecía que le costaba un poco.Por supuesto que sí. Acabábamos de llegar allí, y aquel cambio repentino había hecho que no dejara de preguntarme sobre aquella casa.¿Por qué hay una foto mía en esta casa? ¿Por qué parece que he vivido aquí antes?Todas aquellas preguntas
AmeliaSean se marchó muy temprano por la mañana para preparar nuestra partida. Esperaba que pudiera terminarlo todo rápidamente para que pudiéramos abandonar este lugar.Era la primera vez que no terminaba mi trabajo y actuaba de manera irresponsable. Y, sinceramente, me sentía triste por tener que dejar atrás mi empleo.Tan solo pensar en las personas talentosas con las que estaba trabajando me hacía contenerme. Estaba segura de que se sentirían profundamente confundidas por aquella situación, y yo les explicaría todo.Pase lo que pase, no dejaría que esto terminara tan fácilmente.Desde que conocí a Liam, no dejaba de pensar en él, y eso me provocaba dolor de cabeza. Hoy era el primer día en que finalmente podía salir de mi habitación y caminar por el jardín con Julian.Parecía triste y falto de energía, lo que me preocupaba muchísimo. Como madre, sabía que los hijos eran el mundo entero de sus padres, aquellos que llenaban sus vidas de color.Por eso no quería permanecer atrapada







