Masuk—Nik... —susurró y su nombre sonó casi como una advertencia.Él no se detuvo, intensificó el ritmo lo suficiente para hacerla arquearse hasta que ella soltó un gemido más agudo y empujó las caderas hacia su boca desesperada y ansiosa.Entonces Nikolai se apartó para quitarse el resto de su ropa.Cuando estuvo desnudo subió por su cuerpo y la besó de nuevo, dejando que ella saboreara su propio sabor en sus labios.Anastasya sintió la dureza de él rozándole el muslo.—Me has hecho adicto a ti, Krasávitsa. Ya no tengo remedio, estoy arruinado.Sus ojos se encontraron y ella no pudo decir nada incluso cuando sus palabras se clavaron profundamente dentro de ella de una manera en la que no supo cómo explicar.Nikolai se acomodó entre sus piernas y la punta de su polla la rozó ligeramente, ambos se quedaron paralizados un segundo mirándose.—Dime que estás segura —pidió él con la voz ronca y la mandíbula tensa—. Aún puedo llevarte a tu casa.Anastasya levantó una mano y le acarició la mejill
—¿Qué quieres hacer ahora? —susurró él en sus labios con un tono ronco sin soltar su cintura.—Quiero quedarme contigo, Nik.Él la miró como si no esperara esa respuesta. Por un segundo, la sorpresa le suavizó los rasgos de una forma casi peligrosa. Después volvió a besarla y la cargó en brazos sin esfuerzo, sin dejar de probar su boca mientras caminaba hacia la habitación que ambos habían compartido antes.La puerta se cerró a sus espaldas con un clic suave. Nikolai no la dejó tocar el suelo de inmediato. La sostuvo contra él con una mano bajo sus muslos, la otra en su espalda y la besó como si tuviera todo el tiempo del mundo y al mismo tiempo, como si se le estuviera acabando.Anastasya enredó los dedos en su cabello y tiró con suavidad, lo bastante para que él soltara un gruñido bajo contra sus labios.—Si vas a cargarme como si fuera algo frágil —murmuró ella entre besos con la voz todavía afilada—. Al menos asegúrate de no tropezar. Sería una forma muy poco elegante de matar
—¿Cómo te fue con Dimitry y Valerik después del muelle? Nunca pregunté.Anastasya giró el vino dentro de la copa.—Valerik hizo su papel de hermano molesto. Dimitry hizo su papel de jefe que no grita pero te deja claro que fallaste. Yo hice mi papel de no dar más información de la necesaria.—¿Les hablaste de mí?—Lo necesario, nada que no pudieran deducir solos.—Qué generosa.—No fue generosidad, fue un límite —Ella lo miró fijamente—. No voy a convertir lo que sea que estamos haciendo en un informe para la Bratva.Nikolai asintió serio por una vez como si algo de lo que ella había dicho lo hubiera puesto en guardia.—Bien, tampoco yo.El viento movió un mechón de cabello pelirrojo sobre su hombro y Nikolai lo siguió con la mirada aunque no lo tocó.—¿Por qué esta terraza? —preguntó Anastasya—. Podías haberme llevado al salón o directamente haberme dejado ir a casa.—Porque pensé que tal vez podías quedarte quieta cinco minutos sin sentir que pierdes el control aquí viendo las estre
Nikolai pagó la cuenta sin apartar los ojos de Anastasya, manteniendo esa tensión asfixiante que los había acompañado toda la noche. —Tengo una propuesta y no es la que crees.Arqueó una ceja mirándolo fijamente.—¿Ah sí? —preguntó divertida—. ¿Y qué es la que creo?Nikolai le sonrió cómplice y al mismo tiempo malicioso.—Ambos lo sabemos pero eso no es lo importante ahora. Vamos a nu... mi lugar, tengo un vino aún mejor, la noche no tiene porque terminar aún.Él se levantó sin dejar de mirarla los ojos y estiró su palma hacia arriba para que ella la tomara si quería.Anastasya lo miró y sonrió peligrosamente, se levantó viéndose sumamente hermosa, radiante e intimidante. Bajó la vista a su palma.—¿Intentas sobornarme con un vino caro? —preguntó desdeñosa—. Te aviso que solo voy porque no quiero irme a casa aún.En ese momento alzó su palma y la apoyó en la de él. El contacto fue intenso, una descarga que la recorrió de pies a cabeza.El contraste entre la rudeza de su mano callosa
La sonrisa peligrosa que él le mostró debía haberla puesto alerta pero era todo lo contrario, Anastasya ya la conocía a la perfección y no es que fuera inmune pero sabía recomponerse rápido.Anastasya no retiró la mano, en su lugar mantuvo la presión de su toque con la misma firmeza con la que sostendría el cañón de un arma, reclamando su parte del control en esa guerra silenciosa que estaban a punto de desatar.—No lo arruines, Volkov.—No pienso arruinarlo —Su mirada bajó un segundo a sus labios y volvió a subir—. Pienso disfrutarlo, despacio, hasta que tú digas lo contrario.Anastasya mantuvo la mirada fija en los ojos azul grisáceo de Nikolai con una intensidad que habría intimidado a cualquiera. Pero ella no era cualquiera. Deslizó su mano suavemente hacia atrás, liberándola del contacto sobre el mantel, sin embargo, no lo hizo para retroceder, sino para cambiar el terreno de juego.Bajo la mesa, protegida por la penumbra y el largo mantel que caía casi hasta el suelo, Anastasy
—Deja de mirarme así —advirtió ella.—¿Así cómo?—Como si ya hubieras decidido cómo vas a quitarme el vestido después.—No he decidido nada —su voz sonó apenas perceptible y muy ronca—. Estoy esperando a que tú lo decidas. Esa es la diferencia esta noche, yo pido. Tú eliges y si eliges que termine en la puerta de tu casa con un beso o sin el... me voy, aunque me cueste, no voy a fingir que me guste que no me beses.Anastasya sintió un estremecimiento involuntario recorrer su cuerpo.—No digas cosas que no puedes cumplir, Volkov.—Pruébame —dijo Nikolai antes de beber de su whisky—. Pide la cuenta ahora, levántate, vete. Yo me quedo aquí terminando mi whisky y no te sigo. ¿Lo haces?Ella no se movió pero sus ojos brillaron de irritación y un desdén apenas disimulado.—No.—Entonces deja de castigarme con los ojos, Krasávitsa. Tengo una debilidad por esa mirada retadora.Sus ojos se encontraron con los de ella de una manera en que ambos sintieron aquella intensidad que no podía ocultars







