Home / Romance / ¿ESPOSA SUSTITUTA? YA NO MÁS, CEO. DAME EL DIVORCIO / Capítulo 02: Venderme como esposa sustituta.

Share

Capítulo 02: Venderme como esposa sustituta.

last update Petsa ng paglalathala: 2026-10-08 01:56:55

Capítulo 02: Venderme como esposa sustituta.

~ Ashley ~

Bajé del taxi aquella misma noche y seguí la dirección que había encontrado dentro del sobre rojo.

Me encontraba en Monte Aventino, uno de los barrios más exclusivos de Roma, y la lluvia caía con fuerza sobre las calles.

Busqué desesperadamente en mi bolso, pero, para mi desgracia, había olvidado el paraguas.

—¡No! Maldición… no puede ser… —exhalé, molesta conmigo misma.

Solté un profundo suspiro, sintiendo un nudo en la garganta, pero no lloraría, no lo haría. Aún tenía una esperanza.

Me detuve frente a un enorme portón doble de hierro forjado, con un diseño elegante e imponente.

Una placa dorada anunciaba claramente el apellido de los propietarios:

Familia De Luca.

—¿Y esta es solo la entrada? —murmuré, sorprendida.

Saqué el teléfono y revisé la fotografía que había tomado de la carta, comprobando nuevamente la dirección. No había ningún error, era exactamente ese lugar.

Toqué el timbre una vez, luego otra y una tercera, pero nadie respondió.

Aun así, no podía rendirme.

No había venido a aprovecharme de un hombre que jamás había estado a mi lado, ni a exigirle nada por llevar su sangre.

Solo quería entregarle la carta que mi madre había dejado para él y pedirle un préstamo.

Eso era todo.

Solo necesitaba un poco de dinero para poder quedarme en Italia.

La lluvia comenzó a caer todavía con más fuerza, así que me refugié debajo de un árbol. Fue entonces cuando vi un vehículo acercándose a lo lejos.

Una limusina negra.

El automóvil se detuvo frente al portón y me acerqué rápidamente, agitando los brazos para llamar la atención. Tal vez aquella era mi única oportunidad, tal vez Luciano De Luca estaba dentro.

Una de las ventanillas polarizadas bajó y el chofer me observó con atención.

—¿Qué hace aquí afuera, señorita?

—Busco a…

Antes de terminar, la ventanilla del asiento trasero también descendió.

Pude ver a un hombre mayor, de cabello rubio canoso, que acomodó sus anteojos mientras me observaba.

Entonces comprendí que no estaba mirando mi rostro.

Estaba mirando el collar.

Lo había olvidado por completo. Antes de salir del apartamento me lo había colocado alrededor del cuello, pensando que quizá sería una pista para que mi padre pudiera reconocerme.

—¿Busca a quién? —insistió el chofer.

Reaccioné con un pequeño sobresalto.

—Luciano De Luca —logré pronunciar.

—Déjela ingresar —ordenó el hombre mayor.

Me quedé inmóvil mientras la limusina avanzaba hacia el interior de la propiedad. Entonces, una voz salió del interfono del portón.

—Puede ingresar, señorita. Un guardia irá a encontrarla en unos minutos con un paraguas.

……………

Minutos después…

Me encontraba en una amplia y elegante habitación. Por fuera, la mansión era imponente y antigua, pero por dentro lucía completamente moderna y sofisticada.

Estaba sentada en un sillón de terciopelo de la sala principal, envuelta en una toalla de baño.

Seguía completamente empapada, desde mi largo cabello rubio hasta mis botines bajos de cuero, y temblaba de frío frente a la chimenea, mientras una taza de té caliente esperaba sobre la mesa baja de cristal.

Solo podía esperar.

Entonces, el sonido de la puerta al abrirse me hizo levantar la mirada.

Ahí, en el umbral, apareció el hombre mayor de la limusina, parecía tener unos cincuenta años, vestía un elegante traje negro y sostenía un bastón en su mano derecha, mientras que en la izquierda llevaba una tableta digital.

—Señorita Ashley Clark, ¿o me equivoco? —preguntó, desviando sus ojos verdes de la pantalla hacia mí.

—Sí. Soy yo…

—Mi nombre es Luciano De Luca. Así que Ashley… —se sentó en el sillón frente a mí y volvió su mirada hacia la tableta—. Veinte años, nacida en Miami, Estados Unidos, rubia, ojos verdes, soltera, madre fallecida, padre nunca registrado, estudiante de gastronomía, becada en Italia y recientemente despedida por los Grimaldi. ¿Es correcta la información?

¡Me quedé perpleja!

Ya sabía absolutamente todo de mí.

Mis manos se aferraron con más fuerza al paño que me cubría, mientras mi corazón comenzaba a latir aceleradamente.

—Así es…

Su expresión cambió y su mirada se volvió mucho más fría.

—Sea directa y rápida, no me haga perder el tiempo. ¿Dónde consiguió ese collar y qué busca obtener de mí?

Tragué saliva con nerviosismo, me quité el collar y lo coloqué sobre la mesa, después abrí mi bolso, saqué el pequeño cofre que llevaba conmigo y se lo entregué.

—Soy su hija —solté, mirándolo fijamente.

Luciano bajó la mirada hacia el collar, lo tomó entre sus dedos y lo examinó con cuidado, especialmente el pequeño círculo en el centro de la cruz. Lo presionó varias veces y para mi sorpresa, una parte del collar se abrió.

Parpadeé confundida.

—¿Qué…?

No tenía idea que eso se podía hacer con el collar.

Él leyó algo del interior, después, tomó la carta del sobre rojo y comenzó a leerla.

—Así que mi hija… —murmuró con un tono ligeramente irónico—. Catherine Clark. La recuerdo.

—Era mi madre. Ella dijo que ustedes fueron… —vacilé unos segundos, sintiendo vergüenza—. Fueron amantes.

Luciano levantó la mirada hacia mí, cerró la carta y guardó todo nuevamente dentro del cofre, antes de extendérmelo.

—¿Y qué espera conseguir de mí, señorita? ¿Reconocimiento? ¿Mi apellido? ¿Mi fortuna? ¿Qué busca una mujer como usted, que no tiene nada?

Fruncí el ceño ante sus palabras.

¿Por qué tenía que ser tan cruel conmigo?

Por supuesto que no esperaba encontrar un padre lleno de amor después de veinte años, pero al menos esperaba un poco de arrepentimiento.

—¡No! —exclamé, apretando las manos sobre mis rodillas—. No quiero nada de eso, señor De Luca. No tiene que darme nada, ni siquiera reconocerme como su hija. Solo busco una oportunidad para hacer realidad mis sueños, solo… solo necesito un préstamo. —Bajé la mirada, sintiendo el rostro arder de vergüenza—. Por favor, le pagaré hasta el último euro.

—¿Eso es todo?

Levanté la mirada y asentí.

—Es todo.

—¿Y qué tiene como garantía, señorita? ¿Cree que debo prestarle dinero solo porque dice ser mi hija bastarda? Qué arrogante de su parte.

Abrí los ojos de par en par, sorprendida e indignada, pero no pude responderle, porque, en el fondo, sabía que tenía razón.

—Yo…

—Sin embargo… —me interrumpió.

Volví a mirarlo de inmediato.

—Soy un hombre de negocios, señorita Clark. Haremos una prueba de ADN y, si resulta que usted es mi hija biológica, le prestaré el dinero.

—¿Lo hará?

Por un instante, la esperanza volvió a encenderse dentro de mi pecho.

Pero entonces Luciano continuó:

—A cambio, quiero que se case en lugar de mi amada y única hija legítima, mi heredera, Valentina De Luca.

Una hija… Una «amada hija».

Ahora entendía por qué me trataba como una molestia, como alguien que podía utilizar a su conveniencia.

—¿Que me… case?

Tenía que ser una broma.

¿Casarme con un completo desconocido?

¿Convertirme en una esposa sustituta solo para proteger a la única hija que realmente le importaba?

Sentí una opresión en el pecho y exhalé lentamente.

—No quiero casarme con un hombre que no amo.

—Será un matrimonio contractual con el dueño de un imperio empresarial, ¿cree que a ese hombre le importará usted? No la amará, no la tocará, será un matrimonio secreto y nadie tendrá que saberlo. Solo será un negocio.

—¡Entonces, ¿por qué no casa a su otra hija?! —exclamé, poniéndome de pie.

Luciano no pareció molestarse, incluso una pequeña sonrisa curvó sus labios.

—Ese hombre no es digno de ella, no para mí, pero el acuerdo entre nuestras familias es demasiado importante para romperlo. Si acepta, haré realidad sus sueños.

—¿Y cuánto tiempo tendría que estar casada?

—Hasta que los negocios entre ambas familias hayan concluido. Después, el matrimonio llegará a su fin.

Lo observé en silencio.

—¿Y qué pasará conmigo durante ese tiempo?

—Yo mismo me encargaré de que tenga paz —respondió con absoluta seguridad—. Nadie la molestará ni podrá obligarla a nada que no esté establecido en el contrato. Cuando los negocios terminen, tendrá su libertad.

Tragué saliva.

Aquello seguía siendo una locura, pero al menos no estaba aceptando una vida entera junto a un hombre que ni siquiera conocía.

Yo solo había ido a pedir un préstamo.

Y ahora me ofrecían la oportunidad de cumplir mis sueños a cambio de convertirme temporalmente en la esposa de un desconocido.

—¿Acepta o no?

……………

Una semana después.

El otoño había teñido de rojo y amarillo los árboles de Roma, mientras el viento frío arrastraba la humedad de la lluvia sobre el asfalto.

La prueba de ADN había confirmado que Luciano De Luca era mi padre biológico.

Y ahora estaba frente a aquella enorme iglesia de la capital italiana, a punto de casarme con un hombre cuyo nombre ni siquiera conocía.

La limusina se detuvo frente a la entrada. No había invitados, prensa ni curiosos, solo seguridad alrededor del lugar.

El matrimonio sería completamente secreto.

Bajé del vehículo con un vestido de novia que me resultaba pesado e incómodo, mientras el velo cubría parcialmente mi rostro. Apreté el ramo de orquídeas blancas entre mis manos y avancé hacia la entrada con el corazón desbocado.

Dentro solo estaban el sacerdote, Luciano De Luca, un hombre que desconocía… y el novio.

El hombre con quien iba a casarme.

No sabía quién era.

No conocía su nombre.

Ni siquiera había visto su rostro.

Mi padre se acercó, escoltándome del brazo. Avancé lentamente por el pasillo al empezar la melodía, hasta que distinguí la figura masculina que esperaba frente al altar.

Llevaba un elegante traje gris, tenía cabello negro. Y… una postura que reconocería en cualquier lugar.

Dios mío, no puede ser…

Mi corazón se detuvo por un instante.

¡Era el CEO Franco Grimaldi!

El mismo hombre que una semana atrás había rechazado mi pastel y había destruido mi única oportunidad de permanecer en Italia.

Cuando escuchó mis pasos, él se giró.

Sus ojos grises se abrieron ligeramente al verme, llenos de desconcierto.

—¿Valentina? —preguntó.

Mis pasos se detuvieron en seco.

Volví lentamente la mirada hacia mi padre, completamente aterrorizada.

—¿Él no sabía que iba a sustituirla?

Patuloy na basahin ang aklat na ito nang libre
I-scan ang code upang i-download ang App

Pinakabagong kabanata

  • ¿ESPOSA SUSTITUTA? YA NO MÁS, CEO. DAME EL DIVORCIO    Capítulo 24: No la perdería ante él.

    Capítulo 24: No la perdería ante él. ~ Franco ~ Ashley se puso de pie de inmediato. —¡Ya no sigas hablando, Franco! Aquí vamos de nuevo. Introduje las manos en los bolsillos de mi gabardina negra y ladeé ligeramente la cabeza, observándola con atención. —Le estoy diciendo la verdad. No estoy muerto. Ahora… —hice una pausa deliberada y miré primero a Ashley y después a los niños—, volvamos. Aún faltan unas horas para los resultados y… Antes de que pudiera terminar, vi una limusina ingresar al estacionamiento. Clavé una mirada fría en el guardia de seguridad. —¿No estaba cerrada toda la zona? —Sí. No… no sé quién lo dejó ingresar, señor —titubeó el hombre. Entrecerré los ojos. —Hablaré con tu jefe después de esto. Volví la atención hacia el vehículo negro de ventanillas polarizadas. La puerta se abrió y aquel maldito francés descendió del automóvil. —¡TÍO! —exclamó Fiorella. ¿Qué demonios…? La niña salió corriendo hacia él. Durante una fracción de segundo sentí el impu

  • ¿ESPOSA SUSTITUTA? YA NO MÁS, CEO. DAME EL DIVORCIO    Capítulo 23: ¡Ellos son tus hijos, CEO!

    Capítulo 23: ¡Ellos son tus hijos, CEO! ~ Franco ~ Un sentimiento ardiente me quemaba el pecho y no encontraba la manera de apagarlo. Era una furia incómoda, persistente, que se negaba a desaparecer cada vez que escuchaba el nombre “Louis” en boca de mi esposa. —Yo puedo encargarme de encontrar a los niños y mantenerlos a salvo —sentencié. —¡Devuélveme mi teléfono ahora mismo! —me exigió ella. Tsk. Maldita sea. Le entregué el aparato y saqué el mío para llamar al departamento de seguridad del edificio. —¿Señor Grimaldi? —me respondió el jefe de seguridad. —Cierren todas las salidas del edificio. Quiero equipos esperando afuera. Mis hijos se han escapado. Revisen las cámaras y envíenme la dirección que han tomado. —Sí, señor. Colgué y volví a mirar a Ashley, que, para mi sorpresa, se había quedado inmóvil. Ya no parecía furiosa. Más bien, estaba… ¿sorprendida? —¿«Mis hijos»? —recalcó. Entonces me percaté de que yo mismo había llamado así a los mellizos. Ni siquiera m

  • ¿ESPOSA SUSTITUTA? YA NO MÁS, CEO. DAME EL DIVORCIO    Capítulo 22: Las pruebas de paternidad.

    Capítulo 22: Las pruebas de paternidad. ~ Franco ~ Ashley se atrevió a alejarse para hablar con ese hombre. Ese maldito francés con el que se había atrevido a engañarme. Sin embargo, no fui tras ella. ¿Para qué hacerlo? Sabía exactamente cómo conseguir que volviera a prestarme atención. Mi mirada regresó a la habitación de descanso que había mandado a preparar para los mellizos, y caminé hacia allá. Al entrar, en una mesita redonda, colorida y de baja altura, estaban sentados los dos niños. Los dos levantaron la mirada hacia mí. Los ojos del niño eran de un tono gris tan parecido al mío que veía en mi espejo cada mañana, que resultaba difícil ignorarlo. —¿Leonardo? —pronuncié su nombre. Él apenas asintió antes de desviar la mirada con desinterés, como si mi existencia no mereciera su atención. Arqueé una ceja. ¿Se atrevía a ignorarme? Podría ser su padre y… No. Tenía que calmarme. No estaba ahí para pelear con un niño de… ¿seis años? Sí, creo que eso decía el documento

  • ¿ESPOSA SUSTITUTA? YA NO MÁS, CEO. DAME EL DIVORCIO    Capítulo 21: Mi mujer eres tú.

    Capítulo 21: Mi mujer eres tú. ~ Ashley ~ Durante todo el trayecto a la clínica privada no solté las manitas de mis mellizos. Mi corazón latía con tanta fuerza ante la inquietud que me provocaba toda aquella situación que apenas podía pensar con claridad. Mis ojos verdes se clavaban constantemente en Franco, sentado en el sillón frente a nosotros dentro de la limusina. Quería decirle de todo a ese maldito. ¿Pero cómo podía encararlo con mis bebés presentes? Solo mordí levemente mi labio inferior, tragándome toda la furia que me invadía. —¿Mamita…? —susurró Fiorella, aferrándose con más fuerza a mi brazo. Me incliné para que pudiera hablarme al oído con mayor comodidad. —Dime, mi niña. —Tengo miedo… —susurró mi hija mientras su mirada viajaba hacia Franco, quien permanecía con aquel maldito porte altivo, cruzado de piernas y brazos, con la mirada gris fija en la ventanilla polarizada. —No te pasará nada. Ya casi llegamos. El ambiente dentro del vehículo era sombrío aquel

  • ¿ESPOSA SUSTITUTA? YA NO MÁS, CEO. DAME EL DIVORCIO    Capítulo 20: ADN exigido.

    Capítulo 20: ADN exigido. ~ Ashley ~ Veía a mi tía apresurarse para preparar a los niños mientras yo sentía que el tiempo pasaba demasiado lento. Caminé hasta mi armario y me puse el primer jeans de mezclilla, una blusa blanca y el chaleco café ocre que encontré. Me coloqué unos botines de tacón, amarré mi cabello rubio en una coleta y ni siquiera me molesté en peinarme. Busqué mi bolso y eché dentro todos los documentos falsos de identidad de mis hijos y los míos. Tenía que ponerlos a salvo, lejos de Franco. Después de unos minutos, mi tía salió primero para asegurarse de que la casera siguiera esperando y no hubiera prensa cerca. —Vuelvo rápido, Ashley. Asentí. Miré a mis niños, ya cambiados con ropa casual de tonos claros. Mi pequeña llevaba un vestido amarillo y mi niño estaba vestido de blanco y beige. —¿A dónde vamos, mamita? ¿Hoy no darán clases? —preguntó Fiorella con esa vocecita tímida y mimada. —No. Hoy darán un lindo paseo… —traté de sonreírle a Fior

  • ¿ESPOSA SUSTITUTA? YA NO MÁS, CEO. DAME EL DIVORCIO    Capítulo 19: El matrimonio público.

    Capítulo 19: El matrimonio público. ~ Ashley ~ Parpadeé varias veces, incapaz de creer lo que veía, mientras mis manos se aferraban con más fuerza a la mesa. Páginas. Una pila de ellas, apiladas frente a mí… La primera correspondía a un noticiero francés: «El magnate italiano Franco Grimaldi llevaba nueve años casado en secreto con Ashley primogénita De Luca, dueña de L’Atelier Sucré de Rosalie, nueva pastelería francesa que inauguró anoche en París» —Tiene que ser una broma… —tomé entre mis manos temblorosas el puñado de hojas. Quité la primera y vi la segunda. Era una copia de la portada de un noticiero italiano: «El matrimonio del CEO Franco Grimaldi fue mantenido fuera de la prensa para proteger a su esposa Ashley De Luca durante el conflicto sucesorio tras la muerte de Luciano De Luca» —¡¿Qué?! —solté un grito—. ¡Mentiroso! ¡No pasó así! ¿Protegerme a mí del tema sucesorio De Luca? ¡Tiene que ser un mal chiste! Una risa quebradiza escapó de mi boca, mezclándose con la

Higit pang Kabanata
Galugarin at basahin ang magagandang nobela
Libreng basahin ang magagandang nobela sa GoodNovel app. I-download ang mga librong gusto mo at basahin kahit saan at anumang oras.
Libreng basahin ang mga aklat sa app
I-scan ang code para mabasa sa App
DMCA.com Protection Status