Mag-log inA Bruno le encantaba besarla en el labio superior, recorrerlo con ternura y deleitarse en él una y otra vez, como si saboreara un manjar.Elisa empezó a dejarse llevar por el deseo y se pegó aún más a él.Cuando se separaron, ambos tenían la ropa algo desarreglada.Bruno respiró hondo y se levantó para ir al baño a arreglarse. Sentía el cuerpo ardiendo.Elisa lo tomó de la mano. Sus ojos claros estaban velados por una bruma húmeda, y lo miraba fijamente.Bruno no pudo resistirse a aquella tentación. Se inclinó y volvió a besarla.Esta vez, ella no se apartó y dejó que la llevara en brazos hasta la habitación principal.Lo que siguió pareció ocurrir de manera natural.El camisón de Elisa terminó en el suelo. Ella se sentía como un pez fuera del agua, y de sus labios salían sonidos entrecortados.Bruno no llegó hasta el final porque, cuando habían ido al supermercado, no habían comprado preservativos.Elisa le besó los labios y, con la voz ronca, le susurró:—Puedo ayudarte.Él volvió a
Yolanda parecía haber previsto esa situación y respondió entre risas:—No te preocupes, te voy a reservar una mesa aparte. A mí también me desespera el carácter de mi hermana. Tú ven a disfrutar de la comida y a pasarla bien, sin preocuparte por nada.—Está bien. Te prometo que llegaré a tiempo.Al saber que Elisa asistiría, Yolanda se puso muy contenta.—¡Perfecto! Te voy a reservar un lugar rodeada de puros galanes para que Nicolás se ponga celoso y deje de estar peleado contigo.Elisa supuso que Yolanda todavía no sabía que Nicolás la había engañado, así que no dijo nada al respecto. Conversó un rato más con ella y luego colgó.En ese momento, Yolanda y Victoria estaban haciéndose la manicura.Al enterarse de que su hermana todavía pensaba invitar a Elisa a la boda, Victoria se molestó.—¿Por qué tienes que invitar a Elisa?—¿Y por qué no iba a invitarla? A ti no te cae bien, pero a mí sí. Yo decido a quién invito a mi boda. Me importa un comino lo que opines.Victoria llevaba tiemp
Al ver que Santiago también lo decía, Nicolás no tuvo más remedio que apretar los dientes y aceptar.—Me tomaré tres copas como castigo.Bruno le lanzó una mirada al Señor Juan.El Señor Juan entendió la señal, tomó una botella de licor de la mesa y sonrió.—Yo empecé trabajando en ventas. Cuando ofendía a un cliente por accidente, solía disculparme tomándome tres botellas de licor con él. El Señor Nicolás no está acostumbrado a beber tanto como nosotros, así que supongo que con una botella bastará, ¿no?Nicolás sintió que aquello era llevar las cosas demasiado lejos. Miró a Bruno con rabia, con unas ganas tremendas de tirar la copa y marcharse.Santiago lo sujetó para detenerlo y suspiró para sus adentros.Nicolás de verdad tenía muy poco aguante.El Grupo Rojas tenía bastante peso en Villa del Río, pero a escala nacional no era gran cosa.Santiago sonrió y trató de negociar con Bruno.—Señor Bruno, ¿qué le parece si me tomo yo media botella en su lugar?Bruno arqueó una ceja.—¿Quién
Nicolás y Elisa se sorprendieron al verse.Sin embargo, Elisa no tardó en recuperar la compostura y siguió bebiendo su jugo con toda tranquilidad.Fuera cual fuera el motivo por el que Nicolás había ido allí, no tenía nada que ver con ella.Nicolás, en cambio, apretó los dientes. Había ido precisamente para disculparse con Bruno.Si Elisa llegaba a verlo en una posición inferior a la de Bruno, habría preferido desaparecer en ese mismo instante.Al notar que Nicolás parecía querer marcharse, Santiago se acercó a él y le recordó en voz baja:—Bruno regresará a la sede central de Ciudad Norte dentro de un par de días. No podemos seguir aplazando la disculpa, además, esta vez el Grupo Rojas fue el que se equivocó. ¿De verdad vas a echarte atrás ahora? Solo tienes que brindar con él y disculparte. No es nada del otro mundo. Por el bien de la empresa, tendrás que tragarte el orgullo esta vez.Tragarse el orgullo.Aquellas palabras le resultaban extrañas.Nicolás nunca había imaginado que, de
Nicolás también sabía que había tomado una decisión demasiado precipitada, pero al ver cómo lo trataba Sonia, no pudo evitar molestarse.—Sonia, lo hice por el bien de la empresa, además, ¿cómo iba a saber que el Grupo Salazar recurriría a esas tácticas?Sonia soltó una risa fría.—La brillante idea fue de Noa, ¿verdad? Nicolás, de verdad que te dejas convencer con demasiada facilidad. ¿Cuántas veces te he dicho que no dejes que esa mujer se meta en los asuntos de la empresa? ¡No es más que una inútil!Últimamente, Noa había sido muy cariñosa y atenta con él, además, había contribuido mucho al desarrollo de los medicamentos de la empresa, así que Nicolás no pudo evitar salir en su defensa.—Sonia, no hables así de Noa. Ella solo quiere lo mejor para la empresa, ¿qué tiene eso de malo?Sonia estaba tan furiosa que no encontraba palabras para responder. Se sentó en el sofá, respirando con dificultad.—Ve a hablar con Bruno y pídele que nos dé una oportunidad. El margen de ganancia de ese
Aunque Noa tenía ya una barriga bastante grande, seguía vistiendo a la moda y con un estilo juvenil. Sin embargo, al ver que Elisa había salido sin maquillaje y aun así lucía hermosa, su autoestima recibió un duro golpe.Noa alzó las cejas y sonrió con aire triunfal.—No te lo esperabas, ¿verdad? Nicolás sigue preocupándose mucho por mí. Cuando regresé de ciudad Mar esta vez, incluso fue a recogerme personalmente.Elisa pensó que Noa parecía una de esas concubinas de la antigua corte imperial que competían por los favores del emperador.No entendía cómo podía aceptar que Nicolás no le fuera fiel.Elisa torció los labios con desdén.—No me interesa meterme en los asuntos de tu familia. Pero hay algo que quiero recordarte. Cuando nazca tu bebé, no olvides disculparte públicamente en una transmisión en vivo. Tanto el Grupo Salazar como yo seguimos teniendo presente esa deuda.Al recordar que tendría que disculparse en una transmisión en vivo, Noa se puso furiosa.Elisa no quería que Rebec







