Compartir

82

last update Fecha de publicación: 2026-10-15 01:55:55

Liliana Miller

Grey no permitió que el pánico se apoderara de la situación durante mucho tiempo.

En cuanto le dije que Viktor había cometido un asesinato, me rodeó la espalda con una mano y me condujo al interior de la casa, lejos de la entrada y de los hombres que todavía estaban limpiando el extremo más alejado del vestíbulo. Su voz permaneció baja y controlada, como si la noche no acabara de abrirse en canal ante mis ojos.

—Era un traidor —dijo una vez que la puerta se cerró detrás de nosotr
Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App
Capítulo bloqueado

Último capítulo

  • ¿Puedo Montarte, Sr. Frederico?   82

    Liliana MillerGrey no permitió que el pánico se apoderara de la situación durante mucho tiempo.En cuanto le dije que Viktor había cometido un asesinato, me rodeó la espalda con una mano y me condujo al interior de la casa, lejos de la entrada y de los hombres que todavía estaban limpiando el extremo más alejado del vestíbulo. Su voz permaneció baja y controlada, como si la noche no acabara de abrirse en canal ante mis ojos.—Era un traidor —dijo una vez que la puerta se cerró detrás de nosotros—. Uno de los nuestros vendió una ruta. Viktor se encargó de él antes de que el asunto se extendiera.—¿Aquí, en la propiedad?—Mejor aquí que en público.Lo miré fijamente.—No es tan tranquilizador como crees.—Es la verdad.Sus ojos recorrieron mi rostro y después descendieron hasta mi dedo, que todavía llevaba una venda a medio colocar. Su expresión cambió de inmediato.—¿Qué le ha pasado a tu mano?—No es nada.—Liliana.—Cociné —admití—. Para Rhea. El chef no conocía el plato, así que lo

  • ¿Puedo Montarte, Sr. Frederico?   81

    Liliana MillerApenas dormí la noche anterior.Saber que Rhea vendría hacía que la mansión se sintiera menos como un hogar y más como una prueba que podía suspender en cualquier momento. No dejaba de imaginar su rostro en aquel callejón, la forma en que me había mirado sin ofrecerme consuelo, la manera en que las disculpas habían brotado de mis labios y, aun así, no habían sido suficientes. Para cuando amaneció, ya estaba tan tensa que incluso el sonido del personal moviéndose por los pasillos me ponía de los nervios.Fui temprano a la cocina y le pedí al chef que preparara un plato en particular.Me escuchó con atención, pero luego vaciló.—Señora, puedo intentar hacerlo, pero no conozco esa versión.Por supuesto que no la conocía.No era un plato de restaurante. Era un recuerdo. El aceite, la pimienta, la manera exacta en que la salsa debía adherirse a la comida, esos pequeños detalles que nuestra madre nunca medía y que Rhea siempre notaba. Era el tipo de comida que pertenecía a un

  • ¿Puedo Montarte, Sr. Frederico?   80

    RheaEl número permaneció en mi pantalla más tiempo del que debería.No le había puesto un nombre. No tenía foto de contacto ni ninguna etiqueta. Solo una línea de dígitos que, de alguna manera, tenía más peso que cualquier mensaje que hubiera recibido en los últimos meses. Mi pulgar se cernía sobre el botón de llamada, se apartaba y volvía a acercarse.Si llamaba, tendría que escuchar su voz en privado.Si no lo hacía, pasaría toda la noche imaginando distintas versiones de lo que podría haberme dicho.Dejé el teléfono boca abajo sobre la encimera y me alejé de él.El apartamento era lo bastante pequeño como para que alejarme nunca durara demasiado. Abrí el refrigerador, saqué lo poco que tenía y preparé la cena con la concentración de alguien que intenta no pensar. Aceite en la sartén. Huevos. Arroz sobrante. Sal. La rutina habitual de una mujer que se prepara algo de comer después de una jornada de trabajo. Serví la comida en un plato, me senté y comí en silencio.A mitad de la com

  • ¿Puedo Montarte, Sr. Frederico?   79

    Liliana MillerLlegué a casa con el rostro de Rhea todavía grabado en mi mente.La finca estaba tranquila, como siempre que Grey se encontraba en su despacho, controlada y extrañamente silenciosa, como si toda la casa supiera que era mejor no molestarlo. Primero fui a la cocina, me serví un vaso de zumo de naranja recién exprimido y después lo llevé arriba, porque necesitaba mantener las manos ocupadas antes de volverme completamente loca pensando en todo lo que había sucedido.Grey estaba sentado detrás de su escritorio cuando entré, con las mangas de la camisa remangadas hasta los codos. Una mano descansaba junto a una pila de documentos, mientras la otra se movía sobre la pantalla que tenía delante. Levantó la mirada de inmediato y sus ojos se suavizaron al verme.—¿Cómo te fue?Dejé el vaso a su lado.—La encontré.Su expresión cambió ligeramente.—¿A Rhea?Asentí.—¿Y?Saqué la silla que estaba frente a él y me senté.—Fue… raro.—¿Raro?—Horrible. Bueno. Horrible otra vez. —Susp

  • ¿Puedo Montarte, Sr. Frederico?   78

    Liliana MillerLa dirección me ardió en la mente durante todo el trayecto.Grey no había intentado detenerme. Eso, por sí solo, me inquietaba más que si hubiera discutido conmigo. Simplemente asignó a dos guardias y les ordenó mantener la distancia, a menos que algo saliera mal. Se quedaron al otro extremo de la calle cuando bajé del coche, lo bastante cerca para vigilarme, pero lo bastante lejos como para no interferir en lo que estaba a punto de hacer.El restaurante era corriente. Un poco desgastado. De esos lugares a los que la gente entraba para comer algo barato y de los que salía sin recordar siquiera los rostros de los empleados.Entré, pedí algo que ya sabía que no iba a beber y me senté cerca de un extremo, desde donde podía observar casi todo el local.No conseguía mantener las manos quietas.Cada empleado que pasaba hacía que mi pulso se acelerara. Cada mujer de cabello oscuro me obligaba a mirar dos veces.Entonces la vi.Rhea estaba limpiando una mesa cerca del fondo. Ll

  • ¿Puedo Montarte, Sr. Frederico?   77

    Liliana MillerPor un segundo, pensé que me la había imaginado.El cristal del restaurante me devolvía la calle en reflejos fragmentados, entre faros de coches y siluetas que recorrían la ciudad al anochecer. Entonces, un rostro atravesó aquella confusión con una familiaridad tan dolorosa que me dejó sin aire.Rhea.Mi hermana.Más mayor, más delgada, con una dureza nueva alrededor de los ojos y aquella cicatriz que todavía le marcaba el rostro como una condena que nadie se había molestado en borrar. Llevaba una bebida en una mano y palomitas en la otra, tan corriente como cualquier otra persona que caminara por la acera. Nuestras miradas se encontraron a través del cristal.Todo dentro de mí se quedó inmóvil.No era esa clase de quietud apacible. Era la que llegaba justo antes de que el pánico o el reconocimiento terminaran de apoderarse de ti. Mi mente buscó desesperadamente explicaciones. Una coincidencia. Un error. Una desconocida que simplemente se parecía a ella.Pero no era ning

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status