LOGINBianca De Santis lo tenía todo: una carrera brillante como abogada corporativa, una fortuna familiar multimillonaria y un matrimonio que creía perfecto. Pero tras la fachada del hombre ambicioso que ama, Alessandro esconde un secreto destructivo: ha vendido su alma al imperio criminal del clan Vitale para financiar un oscuro negocio de tráfico de armas. Y el golpe más ruin no es solo el dinero: Bianca lo descubre entregándose en una pasión desenfrenada a Laura Vitale, la despiadada heredera de la mafia. El dolor y la humillación queman en las venas de Bianca, pero en lugar de quebrarse, decide usar su brillante mente legal para auditar las empresas, desenmascarar la red criminal y arrebatarle hasta el último centavo a su esposo. Sin embargo, comete un error mortal: Alessandro descubre que ella sabe. Para proteger su imperio de la fiscalía antimafia y tomar el control legal del patrimonio De Santis, Alessandro y Laura dictan una sentencia irrevocable: su esposa debe morir. Para ejecutar el trabajo sucio contratan a Tiziano Rinaldi, un implacable exmilitar y sicario. Pero desde el momento en que Tiziano pone su mira sobre Bianca, la atracción se vuelve una chispa incontrolable. En lugar de jalar el gatillo, simula la muerte de la joven abogada y la oculta en la penumbra. Entre el peligro constante, el entrenamiento táctico y la sed de venganza, surge una tensión sexual devoradora y magnética entre el peligroso protector y la mujer que se niega a ser una víctima.
View MoreHay noches en que el lujo no huele a champán ni a rosas francesas. Noches en las que la seda se siente como una mortaja y el oro de un anillo de bodas quema la piel como un hierro candente.
Para el mundo exterior, Bianca De Santis lo tenía todo. Un apellido que evocaba respeto en las altas esferas europeas, una mente brillante educada en las mejores facultades de derecho corporativo y un esposo, Alessandro, que encarnaba la perfección del hombre ambicioso, gallardo e implacable. Pero tras los ventanales de cristal de su residencia en la Toscana, la realidad era una jaula pulida donde cada caricia sabia a propiedad y cada mirada escondía un vacío helado.
Bianca creía que el mayor peligro de su vida era el enfriamiento paulatino de su matrimonio. Se equivocaba.
El peligro real olía a un perfume ajeno de jazmín negro colado en el saco de su marido. Habitaba en las discrepancias millonarias que sus ojos expertos empezaron a rastrear en los libros contables de las empresas familiares: sociedades fantasmas, navieras clandestinas y una red opaca de lavado de dinero que alimentaba el negocio más oscuro del continente. Y la traición tenía un rostro: Laura Vitale, la despiadada heredera de un imperio criminal, entregada a Alessandro en una pasión siniestra a espaldas de la esposa abogada.
Cuando Bianca decidió usar su inteligencia como un arma para desenmascarar la red y arrebatarles el patrimonio que pretendían saquear, cometió un error fatal: subestimar la podredumbre del hombre con quien compartía la cama. Él ya había sentenciado su ejecución antes que le surgiera la primera sospecha.
Para Alessandro y Laura, ella representaba un obstáculo en sus planes de expansión. Pero al descubrir que ella sabía de sus tratos con la mafia, una esposa con pruebas no era una amenaza que se silenciara con dinero o abogados. Era un cabo suelto que debía eliminarse antes de que la fiscalía destruyera su imperio. La orden se había dado sin piedad ni remordimiento: la esposa del mafioso debe morir.
Lo que ninguno de los dos previno era el factor Tiziano Rinaldi.
Un implacable exmilitar y mercenario entrenado para no dejar rastro, contratado para ejecutar la sentencia. Pero cuando la mira telescópica de Tiziano se posó sobre la elegante y melancólica Bianca De Santis, la cacería cambió de rumbo. No vio a la traidora peligrosa que le habían prometido, sino a una mujer indomable a punto de ser devorada por hienas.
En lugar de jalar el gatillo, Tiziano decidió simular su ejecución, arrastrarla a las sombras y ofrecerle el único pacto que podía mantenerla con vida: convertirse en un fantasma.
La esposa sumisa murió oficialmente para el mundo. En su lugar, nació una alianza peligrosa entre las sombras de las montañas y la frialdad de una venganza calculada. Entre el susurro del peligro, el manejo de armas y una tensión erótica salvaje que amenaza con consumirlos a ambos, Bianca y Tiziano están a punto de demostrar que no hay nada más letal que una mujer que ha regresado de su propia tumba... para exigir sangre y liquidar sus cuentas.
El silencio en la cabaña alpina comenzaba a desesperarla; un dolor latente arremetía sobre las sienes de Bianca. Las últimas palabras de Tiziano —«jalar ese gatillo habría sido un maldito desperdicio»— flotaban con una aspereza que le erizaba la piel.Llevaba algún tiempo sentada en el borde de la cama, con los pies descalzos apoyados sobre la madera rugosa, Bianca apretó las manos contra sus muslos. La camiseta gris que llevaba puesta, áspera y con el aroma a jabón y tabaco, le recordaba que estaba a merced de otro posible engendro. Cada inhalación profunda enviaba unas puntadas ardientes a sus costillas fisuradas, pero el dolor físico era apenas una sombra frente a la tormenta de sus pensamientos.«Para el mundo estás muerta».La frase resonaba en sus pensamientos. Se imaginaba que Alessandro y Laura debían de estar celebrando. Quizás ya habían comenzado los trámites para reclamar el control de los fideicomisos De Santis, creyendo que el coche calcinado en el fondo del río Pesa cerr
El retorno a la conciencia fue lento y cargado de dolor.Lo primero que percibió Bianca fueron los aromas: la madera de pino curada por el frío, el humo seco de una chimenea y el olor penetrante del alcohol isopropílico mezclado con gasas limpias.Parpadeó con dificultad. Sus párpados le pesaban y la cabeza le martilleaba con una punzada sorda y constante. Tardó varios minutos en enfocar la mirada en las vigas toscas de madera oscura que cruzaban el techo. El aire que respiraba era frrio pero su cuerpo reposaba abrigado sobre un colchón firme, bajo una pesada manta de lana.«¿Dónde estoy...?», pensó, mientras los fragmentos de lo ocurrido comenzaban a encajar con violentamente en su memoria.La carretera mojada. Los faros de los Vitale persiguiéndola. La orden en la radio: «Vete de frente». El choque demoledor, el estallido de los airbags, el dolo
El viento glacial que azotaba desde afuera era el único ruido vivo en la soledad de la cabaña alpina.En la penumbra del cuarto, Tiziano Rinaldi vigilaba la respiración pausada de Bianca, quien yacía recostada sobre la cama, sumida en una inconsciencia profunda por el golpe en la sien y el dolor de sus costillas magulladas. El exsoldado le acomodó entre las sábanas limpia y mantas de lana hasta el cuello con una mano firme y cuidadosa, mientras con la otra sostenía el paño con antiséptico.De pronto, la vibración de su teléfono satelital rompió el silencio.La pantalla monocromática parpadeaba con el identificador cifrado de Alessandro Moretti.Tiziano clavó los ojos en el rostro sereno y pálido de Bianca. Se apartó de la cama con pasos suaves hacia el pequeño pórtico exterior para que la estática de la llamada no la perturb
El rugido del motor diésel y la fricción de los neumáticos sobre el pavimento empapado eran los únicos sonidos que llenaban el habitáculo. Bianca mantenía las muñecas rígidas sobre el volante, con los codos pegados a sus costados y la espalda firmemente adherida al respaldo, tal como la voz distorsionada de aquel hombre le había exigido segundos antes a través de la radio.Por el retrovisor interior, vio los dos todoterrenos oscuros de los Vitale continuaban acosándola en formación escalonada, pegados a menos de diez metros de su parachoques. No le daban respiro; si ella aflojaba un ápice el pedal, el vehículo más cercano amagaba con embestirla para impedir que tomara cualquier margen sobre el arcén.A trescientos metros por encima del desfiladero, sobre un promontorio de roca caliza que dominaba la curva del kilómetro doce, Tiziano Rinaldi no pestañeaba. Había desplegado su posición de tirador con una frialdad matemática. Con el bípode de su fusil táctico asentado sobre un parapeto n












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