No fue un beso tímido. De pronto, toda esa tensión acumulada y contenida durante los últimos días parecía haberse concentrado en sus labios. Todo lo que ninguno de los dos había dicho, cada discusión, cada mirada demasiado larga y cada momento en que habíamos fingido que nuestra cercanía no significaba nada, parecía estar allí. Mis dedos se cerraron alrededor de su camisa. Lo besé de vuelta. Durante unos segundos, ninguno de los dos pareció recordar que estábamos escondidos en una habitación pequeña, que afuera un ejército entero ocupaba nuestro castillo o que, en algún momento, tendríamos que volver a salir y enfrentarnos a todo aquello. Solo existíamos nosotros. Mis manos trabajaron sobre sus botones. No quería barreras entre nosotros. Pronto perdí la paciencia y le di un pequeño gruñido. Él pareció entenderlo sin necesidad de que dijera una palabra y me ayudó rasgando su camisa. —Una disculpa, se me olvidaba que a la Elegida le gusta que los machos no tengan ropa. —Idiota.
Última actualización : 2026-08-13 Leer más