Su beso impetuoso acalló cualquier pregunta, pero los ruidos de su estómago me hicieron reír.—Cocinemos, mi señor, que nos llevará un rato y temo que te me desvanezcas de hambre.—Tenemos un problema. Si sigo descalzo, pescaré un resfriado. Y créeme que no quieres cuidar a un lobo resfriado.—En el segundo arcón hay botitas de vellón para ti. Tráelas y yo te las pondré.Me llevó de la mano hasta la mesa y continuó solo.—Segundo arcón, segundo arcón —murmuró—. Imagino que te refieres a éste.—El que huele a tela, no a comida.—Ya, tiene sentido. ¿Y qué quieres del que sí huele a comida?—Lo que quieras echar al caldero, mi señor.—No creo que haya un oso aquí dentro, ¿no?—Me temo que no, m
Last Updated : 2024-03-26 Read more