La puerta se abrió sin hacer ruido, pero la temperatura de la celda pareció descender varios grados. Dimitri Snova no caminaba, se deslizaba con una total calma, hasta cuando se detuvo frente a Aisha, examinando sus heridas con una curiosidad casi científica, como quien observa una flor hermosa que se está marchitando.—Así que este es el pequeño quiste que hace sangrar a los Ghali —murmuró Dimitri. Su voz era una caricia de terciopelo sobre una hoja de afeitar—. Me habían dicho que eras especial, pero no mencionaron que tenías el gusto por la carne de tus captores.Se inclinó hacia ella, y por un segundo, Aisha vio en sus ojos un reflejo de la misma oscuridad que habitaba en Rasen. No era desprecio lo que vio, era reconocimiento. Como si Dimitri estuviera viendo a una igual atrapada en una jaula de plata.Los pasos resonaron en el corredor, firmes, casi ceremoniales. Cuando Dimitri entró, el carnicero dio un paso atrás, inclinando ligeramente la cabeza. Aisha alzó la vista, forzándola
Última actualización : 2025-02-09 Leer más