De camino a la autopista, la lluvia se deslizaba sobre el parabrisas, mojando todo aquello que se atrevía a cruzarlo, incluso al bajar la ventanilla del auto, y sacar sus dedos largos y gruesos, susurro, “Esto de ser libre, se siente bien”, el carro siguió su camino, pero la lluvia estaba próxima a parar, cuando se abrieron las rejas, frente a él una mansión vigilada del tejado por gárgolas.El elegante auto azul noche, se detuvo muy cerca de la entrada, y de él descendió, Sanathiel cuyo traje azul marino contrastaba con el cielo plomizo y el ambiente. Con un pie fuera del auto, vio en el charco el reflejo de dos figuras, una suya y la otra de un lobo de ojos dorados, con los colmillos manchados de sangre. Por un instante, esa sombra desapareció, ya no tenía forma humana.—Señor Ruanda —dijo el mayordomo, levantando la sombrilla para evitar que se moje. —. Insistieron en que la leyera antes de la reunión.Sanathiel tomó la carta, mirando de reojo el sello, mientras la lluvia
Última actualización : 2024-09-14 Leer más