El auto avanzaba por el camino oscuro y sinuoso, y la silueta de la mansión de Sanathiel emergía en el horizonte como un coloso negro, devorando la luz de la luna. El aire olía a tierra húmeda y a hierro, y cada crujido de las ruedas en la grava era un presagio.Lionel, con su aire de control absoluto, miraba a Aisha con una mezcla de posesión y arrogancia.—Eres mía, Aisha. Y nadie, ni siquiera Sanathiel, podrá cambiar eso —susurró, acariciando su rostro con una familiaridad que ella despreciaba.A medida que se acercaban, un cosquilleo ardía en la base de su cuello, un calor que no provenía de su cuerpo sino de algo más profundo. Era él. Sanathiel. No lo veía, pero su alma lo reconocía con una certeza que dolía.Cuando el auto se detuvo, el viento frío sacudió las ramas de los árboles, susurrando advertencias. Lionel tiró de la soga que la mantenía atada, arrastrándola hacia la entrada de la mansión.De pronto, de entre las sombras brotó una figura enmascarada. Sus movimientos eran f
Zuletzt aktualisiert : 2024-12-06 Mehr lesen