La recepción estaba bañada por una luz dorada, con mesas decoradas con velas y centros de lirios blancos. Los invitados charlaban animadamente, levantaban copas y sonreían para las fotos.Yo trataba de dejarme envolver por la alegría del momento, pero no podía ignorar esa sensación extraña que me acompañaba desde que lo vi al final del pasillo.Él estaba junto a mí, impecable, saludando a todos con una educación perfecta. Pero, en vez de esos gestos espontáneos que tanto me encantaban, la risa repentina, la mano en mi espalda sin motivo, parecía medir cada palabra y cada movimiento.Mientras saludaba a unos amigos, escuché a una invitada susurrar a su acompañante:—¿Notaste que Alejandro está más serio que de costumbre?Otro invitado agregó, riendo bajo:—Sí, ni una broma ni una risa espontánea. ¿Le habrá sentado mal el traje?Me sorprendió escuchar esos comentarios, pero no pude evitar sentir que algo en mí coincidía con ellos.En un momento, nos quedamos solos, apartados un poco del
Last Updated : 2025-08-07 Read more