CAMILALa lluvia golpea los ventanales del ático de Diego en Madrid. Es un sonido constante, rítmico, que aísla el apartamento del resto del mundo.Afuera, la ciudad sigue con su prisa. Aquí dentro, el tiempo se ha detenido.Estamos en el sofá, con las copas de vino a medio terminar en la mesa de centro. La única luz viene de la chimenea de gas y de las luces de la ciudad que se filtran por el cristal.Miro a Diego.Ha pasado un mes desde que salió del hospital. Un mes de fisioterapia, de visitas al médico, de aprender a caminar sin bastón, de recuperar los kilos que el accidente le robó.Hoy, por primera vez, no veo al paciente. Veo al hombre.Lleva una camisa blanca desabotonada en el cuello y vaqueros. Está sentado con esa elegancia innata que tiene, pero hay una tensión en sus hombros. Me mira con una intensidad que me hace sentir desnuda, incluso estando vestida.—¿En qué piensas? —pregunto, dejando mi copa en la mesa y acercándome a él.Diego deja su copa también. Me toma la man
Última actualización : 2026-01-13 Leer más