*—Dante:Tenía cosas más importantes que hacer, sin embargo, ahí estaba él, dejándose tragar por un salón lleno de estirados cuya única habilidad parecía ser oler su propio perfume y el dinero de los demás. Dante soltó un suspiro áspero, con la mandíbula tensa, y paseó la mirada por el evento atiborrado de gente de alto estatus… o de alto ego, en su opinión. Gente que sonreía con los labios, no con los ojos, gente que siempre olía a fragancias costosas, pero nunca a sinceridad.Odiaba estos eventos. Se sabía que era la oveja negra del clan Delacroix: cabello largo, piercings, tatuajes, fama de libertino y reputación cuestionable. Un cuadro que habría horrorizado a cualquier miembro ejemplar de alguna familia, pero su madre había dado una orden, y él, aunque fuera un desastre en mil cosas, prefería romperse antes que ir directamente en contra de ella. La mujer era intensa, una fuerza de la naturaleza envuelta en perlas.Aun así, la sensación persistía: estaba perdiendo el tiempo. Podr
Última actualización : 2026-01-10 Leer más