El silencio que siguió a las palabras de Amelia fue espeso y solemne. Alessandro Bellini la observó fijamente, con el rostro desencajado por una mezcla de rabia contenida, impotencia y un respeto profundo que terminó por doblegar su postura firme.Amelia mantenía la vista clavada en el vacío, contenida en un llanto mudo que le oprimía el pecho. Con los brazos rodeando la curvatura prominente de su vientre —donde latía con fuerza el fruto del amor más convulso de su vida—, sintió la presencia imponente de Alessandro a sus espaldas. Con la voz quebrada, ligera y frágil como el cristal, rompió el silencio.—Don Alessandro... per favore, mi aiuti a girarmi verso di lei (Don Alessandro... por favor, ayúdeme a ponerme de frente a usted).El patriarca dio un paso al frente. Extendió sus manos firmes y, con una delicadeza casi paternal, tomó a Amelia por los hombros para ayudarla a girar lentamente la silla hasta quedar cara a cara.Amelia levantó la mirada. Sus ojos, empañados por las lágrim
Última atualização : 2026-08-22 Ler mais