El sonido de un motor de alta gama interrumpió la serenidad de la tarde en las colinas de Frascati. Una camioneta negra se detuvo frente a la entrada principal y, de ella, descendió Ricardo De la Torre. Su estampa imponía rigor: el rostro tenso, la mirada afilada y una postura rígida que denotaba que su presencia en Italia no era una visita de cortesía, sino una misión de protección irrenunciable hacia su familia.Alessandro Bellini, quien aguardaba en la entrada de la residencia supervisando la seguridad perimetral, dio unos pasos al frente para recibirlo. La tensión entre ambos hombres era palpable, densa como una tormenta a punto de estallar.—Ricardo... grazie per essere venuto (Ricardo... gracias por venir) —comenzó Alessandro con un tono grave y respetuoso, extendiendo la mano con sobriedad.Ricardo no estrechó la mano de inmediato; se limitó a observarlo con frialdad antes de corresponder el gesto de manera seca.—No vine por ti, Alessandro, ni por la diplomacia entre nuestras
Última atualização : 2026-08-28 Ler mais