Tres días después, Mía visitó a sus bebés.El viaje al hospital fue largo. Doloroso. Cada bache le recordaba la herida en su abdomen.Juliana la acompañó. Silenciosa. Atenta.Llegaron a la UCIN. Las puertas se abrieron con ese sonido que Mía ya conocía. Neumático. Final.Los monitores pitaban. Constantes y mecánicos. Odiaba ese sonido; incluso en sus pesadillas más dolorosas escuchaba ese pitido.Se acercó a las incubadoras.Su hija dormía. Más grande ahora. Apenas perceptible, pero sí. Había ganado cien gramos. El tubo de oxígeno seguía ahí, pero más delgado.Progreso, aunque fuera un poco.Luego miró a su hijo.El corazón se le hundió.Seguía igual. Tal vez peor. La piel aún traslúcida. Los ojos cerrados. El ventilador mecánico respiraba por él. Subía y bajaba su pequeño pecho.Una enfermera se acercó.—El doctor quiere hablar con usted, señora Yailes.Mía asintió. Tragó saliva.Minutos después, el doctor Méndez entró a la sala de espera privada. Cerró la puerta.—¿Cómo está mi hijo
Última actualización : 2026-01-31 Leer más