—Después de leer el acuerdo, y dado que la señorita Yailes no pide absolutamente nada, y que no hay más involucrados, es momento de pasar a la firma —anunció el abogado. Mía sostuvo la pluma entre sus dedos. La muñeca le dolía. Se había cambiado las vendas antes de entrar al juzgado. Cuando fue el turno de Adriel, él sí se tomó su tiempo. Leyó cláusula por cláusula, hasta que no le quedó más remedio que firmar. Un escalofrío le subió por la nuca, pero fingió que todo le valía mierd*. El pálido rostro de la mujer le vino a la mente. —Si así es como me libero de ti, esto es lo que quiero —su voz tembló, pero su mirada, aunque hinchada, mostraba una firmeza devastadora. En ese instante, admitió que tenía miedo, tenía miedo de perderla para siempre. Si esa mujer, por la que había entregado hasta su alma, lo había traicionado en su propia casa y prefería la muerte antes que seguir casada un día más con él, entonces ya no quería nada. Su vida sería la misma. Hasta mejor: se
Última actualización : 2025-10-23 Leer más