Camila parecía haberse quedado callada por haberse topado con ese momento incómodo entre Elena y yo.Yo, en realidad, no le daba mayor importancia, así que seguí conversando con naturalidad y soltura.—Camila, ¿qué piensas prepararme de rico esta noche?—Lo que sea. Lo que te guste, yo lo cocino.—Entonces sí que tendré suerte.Me reí suavemente, y una sonrisa también apareció en el rostro de Camila.Pero de repente, me miró y preguntó: —Marcos, ¿por qué te divorcias de tu esposa?Al escuchar la pregunta, me quedé un momento en silencio.Ella, al notarlo, se apresuró a añadir: —Claro, si te parece indiscreto, olvida que lo pregunté.—No hay problema, no es ningún secreto.Sonreí con tranquilidad y respondí: —Llevamos cinco años casados. Hace un tiempo, su primer amor regresó del extranjero... y trajo un niño.—La relación entre ellos me hizo sentir incómodo. Eso es todo.En realidad, había una explicación más simple:Elena me fue infiel.Llegados a este punto, ya no me avergonzaba. Sol
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