A su lado, Samuel observaba a Elena, furiosa hasta el extremo. En su interior, se reía con frialdad, pero también sentía un amargo sabor.Aquella Elena de antes, que se consideraba una creyente noble.Incluso con Marcos, su esposo, era fría y distante. Solo él, su primer amor, era la única excepción.Pero ahora, todo había cambiado.Samuel, consumido por los celos y el rencor, detuvo a Elena, fingiendo preocupación por ella: —Elena, no puedes ir a confrontar a Marcos así.—¿Por qué?Elena, con los ojos enrojecidos por la pena, su cuerpo temblaba sin cesar, los puños apretados.—Ya ni siquiera se molesta en esconderlo, trae a otras mujeres a la cena.—Y encima trajo a dos, y con uniformes seductores. Él antes no era así.Llegados a este punto, Elena estaba a punto de perder la razón, loca de celos.¿Ese hombre, que ella tuvo primero, ahora rodeado por otras?—¡Cuanto más sea así, más no puedes perder la calma ahora!Samuel se reía por dentro, pero en la superficie aconsejaba con aparent
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