Dante abrió los ojos lentamente, sintiendo que el peso de la muerte se retiraba de sus hombros como una losa de hormigón. Lo primero que enfocó no fue la luz blanca de la clínica, sino el rostro de Elena, tan hermoso, pequeño y brillante como el sol. La niña se había subido a la cama, sentándose sobre sus piernas y sujetándole las mejillas con sus pequeñas manos calientes.—Papi, ¿estás bien? ¿Puedes verme? —preguntó Elena. Su voz temblaba y tenía los ojos rojos de tanto llorar, pero seguía siendo su angelita—. ¿Ya despertaste de verdad o es otro sueño?Dante esbozó una sonrisa débil. Sentía los músculos de la cara rígidos y la garganta como si hubiera tragado arena, pero el contacto de su hija lo ancló a la realidad. Era tan pequeña y tan linda, que ser lo primero que vio al despertar le hizo amarla más.—Sí, mi amor... estoy aquí —susurró con un hilo de voz.Elena lo llenó de besitos ruidosos en las mejillas, sollozando de pura alegría. Era un milagro que se salvara, y Olivia tensó
Última atualização : 2026-01-29 Ler mais