KILLIAN—¡¿Tienes idea de lo que estás haciendo?!El grito de mi padre retumbó a mis espaldas, seguido por el ruido de los guardias que subían corriendo al escenario. No volteé a verlo. Me quedé mirando a Vivian, que seguía en el suelo. Tenía el maquillaje arruinado, el vestido blanco manchado de polvo y los ojos muy abiertos, llenos de terror.***Pasaron tres días. Tres días enteros en los que me encerré en mi oficina, en el último piso del edificio de la Manada Blackwood. No quise comer ni ver a nadie, ni siquiera a mi padre. Pero tampoco podía dormir.Cada vez que cerraba los ojos, escuchaba esa llamada y el rugido de aquel desconocido. Ese tipo, Adrian, había marcado a mi Freya; la había reclamado con su aroma en su propio territorio. Mi lobo volvió a volverse loco. Forcejeaba dentro de mi cabeza, aullándome que fuera a destrozar a ese rival para recuperar a mi compañera.Agarré la jeringa que tenía en el escritorio. Ni siquiera perdí tiempo en esterilizar la aguja, la clavé en mi
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