LOGINDurante cinco años, mi pareja destinada, el Alfa Killian, ha usado mi cuerpo para sobrevivir a sus ansias de intimidad. Pero jamás me ha marcado. Durante cinco años, he tenido que tragarme los supresores a la fuerza para ocultar nuestro vínculo ante el mundo. Hasta ahora. Esta noche, al terminar, me ordenó que asistiera a la ceremonia de luna llena. Llegué a pensar que por fin estaba listo para reclamarme. Para convertirme en su Luna. Pero solo rio con gusto y me dio la noticia. —Celebraré mi unión con Vivian. La hija de un Alfa. Una sangre pura. ¿Y yo? Yo no era más que su sucio secretito. El remedio para sus periodos de celo. Se alejó sin decir más. Me sequé las lágrimas, regresé a mi departamento y tiré todos mis supresores de esencia a la basura. Mi mejor amiga pensó que me había vuelto loca. —¿Estás segura? El Alfa te odiará —me advirtió. Negué con la cabeza. —No importa. Voy a borrarlo de mi vida. Entonces, acepté la invitación del Alfa Adrian, un rival que venía de Europa. En siete días, me iría para siempre.
View MoreFREYALa luna llena brillaba en lo alto del cielo.Esperé en silencio la ceremonia final de rechazo.Unos pasos resonaron detrás de mí. Eran pesados y lentos, como si cada zancada arrastrara una cadena de mil kilos.Me di la vuelta.Killian había llegado.Llevaba una armadura negra hecha a la medida, de esas que solo usaba para las juntas más importantes. Pero no parecía que estuviera aquí para una ceremonia. Se veía como alguien que caminaba hacia su propia ejecución.—Viniste —dije con calma.—Te lo prometí.Killian tenía la voz ronca y sus ojos recorrían mi cara con desesperación.—Te dije que aceptaría cualquier cosa que me dieras, incluso si fuera veneno —dijo mientras sacaba un sobre amarillo de su saco con la mano temblorosa.Al verlo, sentí una punzada.Lo reconocí.Era la solicitud de registro de marca de compañero que llené hace cinco años, aquella mañana en que acababa de convertirme en su pareja destinada, llena de amor y de una esperanza tímida.En ese entonces la guardé c
KILLIAN Regresé a Blackwood.Solo.El imperio Blackwood seguía siendo inmenso y miles de miembros de la manada aún agachaban la cabeza ante mí, pero sentía como si hubiera entrado en una tumba.Subí al último piso de la oficina central.Ahí solía haber un pequeño cubículo donde trabajaba Freya.Durante cinco años se sentó en ese lugar, separada de mí por una pared de cristal, siempre esperando a que yo la llamara. Ahora, todo estaba cubierto de polvo.—Limpia todo esto —le ordené a mi Beta—. Tira todo lo que encuentres.Quería borrar su rastro. Si no veía nada, tal vez mi corazón dejaría de dolerme tanto.El Beta empezó a guardar archivos y a mover el escritorio.—El cajón de hasta abajo tiene llave.Me acerqué.Era un cajón pequeño y común. Freya nunca tuvo muchas pertenencias; siempre decía que, al ser la sombra del Alfa, no podía tener demasiados secretos.—Quítate.Extendí la mano y jalé con fuerza. Mi mano lastimada no tenía mucho agarre, pero mi fuerza de Alfa seguía ahí.—¡CRAC
KILLIANPasé medio mes recuperándome en el centro de curación de Silvermoon.El antídoto me salvó la vida, pero nada más.Cada día, a través de mi ventana, podía ver a Freya caminando por el jardín o corriendo en el campo de entrenamiento.Nunca se había visto tan llena de vida.Y el compañero que siempre estaba a su lado era Adrian.Esa complicidad natural entre ellos, ese respeto mutuo, era un espejo que reflejaba lo repulsivo y patético que yo había sido durante los últimos cinco años.El día que me dieron de alta ocurrió en una noche de auroras brillantes.Listones de luz verde bailaban por el cielo nocturno, con una belleza que parecía de otro mundo.Encontré a Adrian en el límite del territorio de Silvermoon.Estaba solo, de pie al borde de un acantilado, fumando; su silueta se veía alta y firme.—Peleemos.Me acerqué y me quité la chaqueta para dejar a la vista mi torso musculoso.—Un duelo de Alfas —gruñí, con la voz desgarrada por una locura final y desesperada—. El ganador se
FREYA Me senté en una banca del centro de curación de la manada Silvermoon, con el café caliente que Adrian me había dado ya frío entre las manos.—Se niega a recibir el tratamiento.El sanador salió y se quitó el cubrebocas con un gesto de resignación.—El veneno de plata ya llegó a la médula ósea. Si no empezamos la diálisis con el suero, no le quedan ni dos horas. Pero no quiere cooperar. Incluso le tiró la jeringa de un manotazo a la enfermera.Arrugué la frente.—¿Se quiere morir?—Dijo que... —El sanador titubeó y me miró de reojo—. Dijo que a menos que vea a Freya, prefiere que el veneno lo mate.Adrian, que estaba a mi lado, hizo una mueca de desprecio.—Sigue con sus jueguitos, incluso ahora. Apuesta a que vas a ceder.Sí.Ese era Killian.Incluso al borde de la muerte, tenía que usar esas tácticas extremas para presionarme, para demostrar que todavía tenía algún peso en mi corazón.“¿En serio cree que su vida es el precio para que lo acepte de nuevo?”—Dame el antídoto.Me l
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