El tiempo se detuvo. El cuchillo bajaba a mi pecho.—¡Cuidado!Marco se lanzó frente a mí y recibió la puñalada en la espalda.—¡AHHH! —gritó Isabella. Sacó el cuchillo ensangrentado y se abalanzó contra Dante, cortándole el brazo.—¡Muéranse! ¡Muéranse todos! —chillaba mientras movía el cuchillo con desesperación.De pronto, una figura atravesó a la gente. Grité.En un parpadeo, Alex desarmó a Isabella y la sometió contra el suelo.—¡Llamen a una ambulancia! —gritó alguien.Marco estaba tirado en un charco de sangre. Tenía la cara pálida, pero no me quitaba la mirada de encima. —¿Estás bien?Dante se apretaba el brazo sangriento con la misma mirada de preocupación.Los paramédicos los subieron a las camillas. —Perdóname... —susurró Marco mientras estiraba la mano para alcanzarme.Los miré, pero les di la espalda y caminé hacia Alex.Él me tocó la cara con suavidad. —¿Tienes miedo?—Estoy bien. Estás aquí —le dije, apoyando la cabeza en su pecho.Al cerrarse las puertas de la ambula
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