INICIAR SESIÓNYo no era nadie, pero por tres años estuve enamorada de Dante, el heredero de la familia Blackwood, el apellido más importante de la mafia en Chicago. El día que supe que estaba embarazada, me sentí muy feliz. Me moría de ganas de darle la noticia. Pero entonces escuché a su hermano gemelo, Marco, preguntarle: —Hermano, ¿cuándo piensas decirle a Rose que yo me hacía pasar por ti cada una de esas noches en la cama? Dante habló con una dureza que nunca le había escuchado. —En una semana. En nuestra boda. Voy a revelar todo y luego le pediré matrimonio a Isabella. Isabella. La niña rica que siempre me hace la vida imposible. Así que todo esto era una simple venganza por su adorada Isabella. Pero lo que Dante no sabía era que esa boda que planeó con tanto esmero se quedaría sin novia.
Ver másEl tiempo se detuvo. El cuchillo bajaba a mi pecho.—¡Cuidado!Marco se lanzó frente a mí y recibió la puñalada en la espalda.—¡AHHH! —gritó Isabella. Sacó el cuchillo ensangrentado y se abalanzó contra Dante, cortándole el brazo.—¡Muéranse! ¡Muéranse todos! —chillaba mientras movía el cuchillo con desesperación.De pronto, una figura atravesó a la gente. Grité.En un parpadeo, Alex desarmó a Isabella y la sometió contra el suelo.—¡Llamen a una ambulancia! —gritó alguien.Marco estaba tirado en un charco de sangre. Tenía la cara pálida, pero no me quitaba la mirada de encima. —¿Estás bien?Dante se apretaba el brazo sangriento con la misma mirada de preocupación.Los paramédicos los subieron a las camillas. —Perdóname... —susurró Marco mientras estiraba la mano para alcanzarme.Los miré, pero les di la espalda y caminé hacia Alex.Él me tocó la cara con suavidad. —¿Tienes miedo?—Estoy bien. Estás aquí —le dije, apoyando la cabeza en su pecho.Al cerrarse las puertas de la ambula
—¡¿Alex?! —exclamé con sorpresa, mientras sonreía.—¿Por qué será que cada vez que te veo estás metida en algún problema? —preguntó él con una gran sonrisa.Me reí sin poder evitarlo.—¿Cuándo regresaste a Chicago?—La semana pasada —respondió, mientras me ayudaba a recoger las cosas del súper que se habían desparramado—. Parece que estamos destinados a encontrarnos.El niño se acercó corriendo para pedirme perdón. Le revolví el cabello con cariño.—No te preocupes, solo ten más cuidado la próxima vez.Alex cargó mis bolsas.—Te acompaño a tu casa.—Gracias por salvarme. Otra vez —le dije con una sonrisa.—Y bien, ¿cómo piensas pagarme esta vez? —preguntó él. Seguía sonriendo, pero su mirada se volvió profunda—. ¿Tal vez con una propuesta de matrimonio?Sentí que me ponía roja.—Conozco un restaurante italiano buenísimo. Te invito.Él asintió con una mirada amable.Nos quedamos hablando por horas. Hablamos de la frontera y de nuestras vidas. Alex sabía escuchar muy bien.—¿Y cuánto tie
Tres meses después, se desató otro tiroteo.Estaba acurrucada en la esquina de una bodega abandonada, apretando mi cámara contra el pecho mientras las balas me pasaban por encima. La entrevista había salido muy mal; nos habíamos encontrado con una transacción de drogas.—¡Al suelo!Una voz conocida sobresalió entre el caos. Me di la vuelta y no podía creer lo que veía.Dante y Marco avanzaban hacia mí, disparando para cubrirme.—¡Demonios, le dieron! —gritó Marco al ver la sangre en mi brazo.—¿Puedes caminar? —Dante se arrodilló a mi lado y revisó rápido la herida.Los miré mientras un torbellino de sentimientos encontrados me sacudía por dentro.—Puedo caminar —dije sin ninguna emoción.Me cubrieron mientras lográbamos salir del enfrentamiento. Para cuando estuvimos a salvo, Marco tenía un impacto de bala en el hombro y un rebote le había cortado la mejilla a Dante.—Sus heridas... —alcancé a decir.—No es nada —Dante negó—. La tuya es más grave. Hay que curarte.Me atendieron con ma
Marco guardó silencio un largo rato.—Tengo que decirte algo.—Si vienes a defender a tu hermano, mejor ahórratelo.—No se trata de él —dijo Marco mientras entraba y se ponía en cuclillas frente a mí—. Se trata de mí.Por fin lo miré.—Estoy enamorado de ti. Lo he estado desde el primer momento en que te vi —dijo con angustia—. Estos últimos tres años han sido una tortura.Solté la venda que tenía en la mano.—¿Y?—Y por eso te pregunto si me darías una oportunidad...—¿Una oportunidad? —Me eché a reír, un sonido que lo hizo estremecerse—. ¿Estás bromeando?Se me quedó viendo, pasmado.—¿Que me amas desde el primer día? —Me levanté y lo miré desde arriba—. Entonces dime, si tanto me querías, ¿por qué te quedaste de brazos cruzados viendo cómo tu hermano me veía la cara de idiota?Se puso pálido.—Sabías que Isabella mentía. Sabías que me estaba tendiendo una trampa. ¿Por qué no dijiste nada? —Me acerqué un paso—. ¿Era porque disfrutabas verme sufrir?—No, Rose, yo...—¿O solo estabas e






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