Punto de vista de MassimoLa isla estaba en un silencio sepulcral.La tableta temblaba en mi mano. En la pantalla, Caterina estaba junto a ese psicópata ruso.—No... esto no puede estar pasando... —apreté la tableta con más fuerza—. Es un truco. Efectos especiales. ¡Algún maldito montaje!—Massimo, ¿quién es ese?Cara, despistada como siempre, se inclinó. —¿Quién es ese hombre? Es más alto que tú... Y el vestido de Caterina... parece más caro que el mío.—Cierra. La. Boca —siseé, incapaz de soportar sus lloriqueos ni un segundo más.Entonces, la voz del sacerdote resonó por la antigua iglesia: —Tú, Caterina Rossi, ¿aceptas a este hombre, Nikolai Volkov, como tu esposo?Contuve la respiración.Caterina diría que no.Ella me amó durante cinco años. No se casaría con ese bastardo.Pero en la pantalla, Caterina levantó la barbilla. Su voz era firme. Gélida.—Sí, acepto.Mi mundo se hizo añicos.—¡No! —rugí, estrellando la tableta contra la arena—. ¡Esto no puede estar pasan
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