Leonardo le recibió la mochila a Gael.—Vámonos, dejen de platicar.Dejó la mochila en el asiento de adelante y regresó para ayudar a Gael a subir a la camioneta. El niño estaba feliz de que Leonardo y Arturo hubieran ido por él, así que no dejaba de despedirse de Elena con la mano.—Mamá, ve a hacer tus cosas, adiós.Leonardo bajó la ventana y agregó:—En la tarde yo también vengo por él, no tienes que ir.Dicho esto, y sin darle a Elena tiempo de negarse, arrancó y se fue.Desde ese día, y durante todo el mes siguiente, Leonardo pasó todas las mañanas por el niño "de paso". Nunca mandaba un mensaje antes ni decía nada, pero todos los días a las siete y media de la mañana, su camioneta se estacionaba puntual frente a la casa de Elena. En las tardes, al salir de clases, le entregaba a Gael a tiempo en el hostal. Gracias a su ayuda, Elena tenía mucho más tiempo y vivía más tranquila.En cambio, Martín no había dado señales de vida desde aquella vez que su padre lo regañó tan fuerte.
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