El Festival de la Luna. Nuestro séptimo aniversario. Mi compañero, el Alfa Ethan, me prometió una sorpresa. Envió a su Beta para que nos acompañara a mí y a nuestra cachorra al Altar de la Diosa de la Luna, encaramado en el acantilado más alto de nuestro territorio.Pensé que por fin le estaba concediendo a nuestra cachorra, Lydia, su mayor deseo: ver una lluvia de meteoritos desde el lugar más cercano a la mismísima Diosa. Fui una tonta. Nunca imaginé que enviaría a nuestra cachorra a morir.Hace apenas unos minutos, iba cargando a mi cachorra por los empinados escalones de piedra, siguiendo al Beta.La altura me hacía la cabeza dar vueltas, pero una sonrisa se había dibujado en mi rostro.Pensé que Ethan y yo pronto estaríamos viendo las estrellas juntos.—Mami, ¿cuándo viene papi? —susurró Lydia, abrazándome con fuerza.—Pronto, cariño. Muy pronto.En el momento en que nuestros pies tocaron la plataforma, las runas protectoras grabadas en la piedra brillaron una vez, de un br
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