—Ven, brindemos porque hoy le diste una buena lección a esa tal Camila. Mi amor, eres increíble, dejaste a todos boquiabiertos.Se sentó frente a ella y, mientras hablaba, alzó su copa.Vanessa chocó la copa con la suya.—Si algún día ya no quieres ser modelo, ven a mi empresa. No te vendría nada mal dedicarte a la administración.Bianca la apuntó con el dedo índice.—Me voy a tomar en serio esa promesa, ¿eh?Chocaron las copas y bebieron de un trago.El licor frío le bajó por la garganta y le recorrió el pecho, pero el ardor en el corazón no se apagó. Al contrario, pareció chocar con él y avivarse todavía más.Sentía una presión en el pecho que la hundía.No terminaba de entender por qué esa noche Rafael había cambiado de parecer.Pero por más vueltas que le diera, no iba a mirar atrás.Bianca tenía mucha resistencia al licor: por cada sorbito de Vanessa, ella se tomaba una copa.Cuando bebía de más, se le soltaba la lengua.Se puso a maldecir, y les echó pestes a todos los Cisneros,
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