La doctora forense pidió que se quitara la blusa.Valerie lo hizo sin discutir.Era una consulta pequeña, en un edificio de oficinas de la capital, con las persianas bajadas a medias y una camilla cubierta con papel blanco. Olía a antiséptico. Sobre la mesa, una cámara, una regla milimetrada y una carpeta con su nombre.La doctora tendría cincuenta años. Pelo corto. Manos de pianista. Una voz suave y profesional que había dicho, al entrar, solo tres frases: Voy a ser precisa. Voy a explicarle cada cosa antes de hacerla. Puede parar cuando quiera.Valerie se sentó en el borde de la camilla.Dos años atrás habría sido imposible.Ahora los brazos descubiertos, las cicatrices al aire.—Voy a empezar por el antebrazo derecho —dijo la doctora.Y empezó.Eran muchas.Líneas pálidas, finas, cruzadas. Otras, más gruesas, en relieve, con el color blanquecino del tejido viejo. Una quemadura redonda en la cara interna del codo. Una marca irregular en el hombro izquierdo que la doctora midió dos v
Última actualización : 2026-10-09 Leer más