Declan entró en el edificio de Westerfield lejano a cómo se sentía. Por dentro, sin embargo, los cimientos de su mundo se caían en pedazos. Había manejado a duras penas, pero el temblor seguía instalado en sus dedos. Era como si su cuerpo le recordara el martirio de una enfermedad. Al llegar al piso ejecutivo, no saludó a nadie. Su mente era un zumbido constante, estaba atrapado detrás de sus ojos. La reunión con la junta directiva, que había olvidado por completo, ya había comenzado hacía veinte minutos.Cuando empujó las puertas dobles de cristal de la sala de conferencias, todas las miradas se volvieron hacia él. Doce hombres y mujeres de traje, los tiburones que ayudaban a dirigir su imperio, lo miraban con una mezcla de alivio e impaciencia. Pero ese alivio duró poco.—Señores, lamento el... retraso —comenzó diciendo. Su voz sonó extraña, lejana, como si estuviera hablando desde el fondo de un abismo sin salida. Caminó hacia la cabecera de la mesa, pero sus pasos carecían de l
Última atualização : 2026-02-08 Ler mais