El rostro de Pedro perdió el color en un instante, y sus labios temblaron, incapaces de formar una sola palabra ante el ataque verbal. Al ver aquel estado deplorable, Liliana sintió una ola de placer cruel subir por el pecho y, con una lentitud calculada para herir, continuó:—Si no existieras en mi vida, probablemente estaría saliendo con él ahora, viviendo una relación normal. Tal vez nos habríamos casado y, quién sabe.. —Hizo una pausa dramática, observando el dolor en los ojos de él—. Ya tendríamos hasta un hijo adorable.—¡Detente! —rugió Pedro, con los ojos rojos y llorosos, interrumpiéndola bruscamente—. Liliana, te lo ruego, ¡no digas nada más!—¿Ah sí? —Liliana soltó una risa fría y cortante—. Deberías saber que, en el momento en que me secuestraste y me forzaste a esta boda, cualquier sentimiento que pudiera tener por ti se transformó en puro odio.Incapaz de escuchar más, Pedro se levantó tambaleando y huyó del cuarto, derrotado. Liliana observó su espalda mientras se alejab
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