—¡¿Cómo es que eres tú?! —La voz de Pedro falló, alcanzando un tono agudo mientras sus ojos, abiertos de par en par por la sorpresa, fijaban el rostro revelado bajo el velo—. ¿Dónde está Liliana?Renata esbozó una sonrisa tímida y temerosa, extendiendo los dedos en el intento de alcanzar la mano de él, buscando algún contacto físico que validara su presencia ahí.—Liliana me cedió el noviazgo, Pedro. Hoy soy yo quien se va a casar contigo —dijo ella, con una dulzura ensayada.La mente de Pedro zumbó, como si hubiera recibido un golpe fuerte. Permaneció estático, encarando a Renata con una mirada aturdida, y repitió las palabras, incapaz de procesar aquella información absurda:—Te lo cedió... ¿Qué significa eso?—Pedro, yo también soy heredera de la familia Souza —explicó Renata, parpadeando los ojos con una inocencia fabricada y adoptando un tono de quien decía lo obvio—. Es una unión entre la familia Costa y la familia Souza. Si mi hermana no quiso casarse, es natural que yo asuma su
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