—Ana, no piense mal de mí —solté de repente, sorprendiéndome a mí mismo por la necesidad de justificarme—. En realidad, no soy tan malo como todos creen. Aunque reconozco que soy un poco frío y distante, también tengo mi lado amable... cuando la situación lo amerita. Ella se quedó estática un momento, procesando mis palabras. —Lo entiendo —respondió con una voz que se me hizo increíblemente tierna, casi dulce, rompiendo por un segundo esa coraza de eficiencia que siempre llevaba puesta—. Señor, ¿necesita algo más? —preguntó de nuevo, y noté un ligero rastro de nerviosismo en el matiz de su voz. —No, gracias. No necesito nada más por ahora. Puedes retirarte, Ana. —Me retiro, señor —dijo, dándose la vuelta lista para marchar de mi oficina. Justo cuando su mano tocaba el pomo de la puerta, recordé el evento. No podía dejar que se fuera sin confirmar que Samuel había hecho su trabajo. —Por cierto, señorita Montalvo. ¿Le comentó mi asistente lo de la inauguración? ¿Podrá a
Última atualização : 2026-01-19 Ler mais