La puerta se abrió y Rodrigo apareció allí, apoyado en el marco, con esa confianza natural que siempre me desarmaba. —Yo también quiero una ducha —dijo, con una chispa de travesura en los ojos. Sentí que el calor me subía a las mejillas al instante. Instintivamente, intenté cubrirme con las manos, presa de una timidez repentina que no tenía sentido después de la noche anterior. —Rodrigo... yo... , balbuceé, sintiéndome como una adolescente. Él soltó una carcajada baja, un sonido cálido que llenó el espacio cargado de vapor. Dio un paso hacia mí, acortando la distancia sin quitarme la vista de encima. —Ya te he visto más de una vez, Alexandra. No pasa nada, dijo con suavidad, aunque su tono era puro desafío juguetón. Antes de que pudiera protestar, sus manos encontraron mi cintura y me atrajo hacia él con firmeza. Me quedé sin aliento cuando mi espalda chocó contra su pecho desnudo. Inclinó la cabeza, buscando mi cuello, y me besó justo donde el pulso me latía c
Última actualización : 2026-02-06 Leer más