Daniel se alejó de su escritorio con esa elegancia depredadora que lo caracterizaba. Caminó hacia el ventanal, donde la inmensidad de Valemont comenzaba a encenderse en un baile de luces ambarinas. —La altura te da una perspectiva diferente —murmuró, observando el horizonte. Luego, se giró hacia Victoria, que permanecía sentada, y le hizo una seña casi imperceptible con la mano para que se acercara. Victoria obedeció. Al ponerse de pie junto a él, se sintió pequeña ante la escala de la oficina y la inmensidad del cristal. —Todo parece pequeño desde aquí —continuó Daniel, su voz resonando con una autoridad tranquila—. Los problemas, los competidores… incluso las personas. El reflejo de ambos en el cristal se mezclaba con las luces de la ciudad, creando una imagen fantasmagórica donde sus siluetas parecían una sola. Victoria, sin embargo, no veía el poder; veía la urgencia. —Para algunos es solo una vista, señor Meléndez —murmuró ella, y por un segundo, la imagen del despacho
Última atualização : 2026-02-06 Ler mais