Nadie había dicho una sola palabra durante casi media hora. El pasillo de cuidados intensivos se había transformado en una extensión fría, sepulcral y asfixiante, donde el único sonido era el eco intermitente de los monitores médicos a la distancia. Hasta que Adele rompió finalmente el silencio con una voz rota, cansada y cargada de una profunda advertencia: —No lo hagas, Arturo. Arturo no apartó la vista de las puertas de madera cerradas frente a él, aquellas que lo separaban de su nuera. La mitad inmóvil de su rostro, secuela de viejas batallas y del tiempo, endurecía todavía más su implacable expresión. —¿Por qué no, Adele? —cuestionó el anciano, su voz arrastrando una frialdad cortante—. ¿Le tienes miedo? Adele cerró los ojos apenas un segundo, conteniendo el aire y el dolor de la noche, antes de responder en un hilo de voz: —No. Pero este no es el lugar ni el momento. Arturo soltó una respiración pesada, un bufido cargado de desprecio absoluto. Y entonces, con una len
Última atualização : 2026-06-02 Ler mais