El silencio en la mesa se volvió irritante, casi insoportable, como un zumbido constante que se metía en la cabeza y no dejaba pensar con claridad. Afuera, el club seguía su ritmo habitual: la música vibraba en las paredes, las luces giraban sin descanso y la gente reía, bailaba, vivía como si nada pasara. Pero en ese pequeño espacio que ocupaban ellos, el tiempo se había detenido. No había música, no había risas… solo una tensión densa, peligrosa, que parecía crecer con cada segundo que nadie decía nada. Lucas no apartaba la mirada de Sofía. La observaba como si intentara arrancarle la verdad solo con sostenerle los ojos. —Termina lo que empezaste —dijo al fin, con una voz firme que no admitía evasivas. Sofía no se movió. No desvió la mirada. No mostró duda. —Ya lo hice. —No. Lucas dio un paso más cerca de la mesa, lo suficiente para que la distancia dejara de ser cómoda. —Dijiste que uno de nosotros sabía lo que iba a pasar. Hizo una pausa breve, pero cargada de intención.
Última actualización : 2026-03-20 Leer más