ISABELLA Salí de la clínica abrazando la carpeta contra mi pecho. Durante el trayecto hasta la oficina no dejé de sonreír. Era una sensación extraña. Hacía años que no experimentaba una felicidad tan sencilla, tan limpia, tan parecida a la esperanza. Cada vez que el semáforo obligaba al automóvil a detenerse, mi mano terminaba, casi por instinto, sobre el vientre. Todavía no existía ninguna diferencia visible. Ni siquiera podía llamarlo bebé. Apenas era una pequeña vida que comenzaba a abrirse paso dentro de mí. Y, sin embargo, ya sentía la necesidad de protegerla. Cuando llegué a la oficina, procuré comportarme con normalidad. Saludé a los empleados. Revisé algunos documentos. Firmé dos contratos que llevaban varios días esperando sobre mi escritorio. Intenté convencerme de que debía concentrarme en el trabajo.Fue inútil.Cada pocos minutos volvía a abrir discretamente la carpeta donde guardaba el resultado del análisis de sangre solo para comprobar que seguía allí. Positivo.
Última actualización : 2026-06-30 Leer más