FAZER LOGINIsabella Montenegro no encaja en los estándares que el mundo corporativo adora exhibir. No es la mujer esbelta y perfecta que adorna portadas ni la novia trofeo que acompaña a los hombres poderosos en las galas empresariales. Es gorda. Y en un entorno donde la imagen lo es todo, eso la ha convertido en blanco constante de miradas, susurros y juicios disfrazados de consejos bienintencionados. Cuando Maximiliano Valcán termina con ella, Isabella no solo pierde a su pareja: pierde la poca seguridad que le quedaba. Las críticas se vuelven más ruidosas, las comparaciones más crueles, y el evento corporativo donde él celebrará su más reciente triunfo empresarial se transforma en el escenario perfecto para su humillación pública. Pero Isabella no está dispuesta a desaparecer. Decide asistir. Y no irá sola. Impulsada por el orgullo y el deseo de no volver a sentirse pequeña, contrata a un acompañante a través de una exclusiva aplicación. Un hombre atractivo, preparado, impecable. Alguien que haga callar murmullos.
Ver maisISABELLA Salí de la clínica abrazando la carpeta contra mi pecho. Durante el trayecto hasta la oficina no dejé de sonreír. Era una sensación extraña. Hacía años que no experimentaba una felicidad tan sencilla, tan limpia, tan parecida a la esperanza. Cada vez que el semáforo obligaba al automóvil a detenerse, mi mano terminaba, casi por instinto, sobre el vientre. Todavía no existía ninguna diferencia visible. Ni siquiera podía llamarlo bebé. Apenas era una pequeña vida que comenzaba a abrirse paso dentro de mí. Y, sin embargo, ya sentía la necesidad de protegerla. Cuando llegué a la oficina, procuré comportarme con normalidad. Saludé a los empleados. Revisé algunos documentos. Firmé dos contratos que llevaban varios días esperando sobre mi escritorio. Intenté convencerme de que debía concentrarme en el trabajo.Fue inútil.Cada pocos minutos volvía a abrir discretamente la carpeta donde guardaba el resultado del análisis de sangre solo para comprobar que seguía allí. Positivo.
SARAH Me alejé unos metros de la sala de rehabilitación antes de volver a sacar el teléfono del bolsillo. Había intentado mantener la conversación lo más lejos posible de Damián, pero conocía demasiado bien su manera de observar. Después de dos años dormido todavía estaba desorientado, sin embargo, nunca había dejado de notar los pequeños detalles. Respondí la llamada antes de que volviera a sonar. —¿Dónde está ahora? La voz al otro lado de la línea sonaba tan nerviosa como la primera vez que llamó aquella mañana. —Hace media hora salió de la mansión. Insistió en entrar otra vez. Miré por la ventana del hospital. —¿Lo dejaron pasar? —No. Asentí para mí misma. —Perfecto. —Pero no piensa rendirse. Dice que necesita hablar con el señor Damián, que es urgente. Una sonrisa apenas perceptible apareció en mis labios.Thiago siempre había sido demasiado persistente. Precisamente por eso llevaba semanas preparándome para él.Cuando los médicos comenzaron a decir que el despertar
DAMIANLa rehabilitación era mucho más humillante de lo que imaginé. Durante años di por sentado algo tan simple como ponerme de pie. Nunca pensé que llegaría el día en que celebrar un paso completo se convertiría en una victoria.Las piernas respondían. Pero no como antes. Cada movimiento exigía un esfuerzo que terminaba dejándome completamente agotado.—Muy bien, Damián, otra vez.El fisioterapeuta retrocedió un paso mientras yo sujetaba con fuerza las barras paralelas.Respiré profundamente, intenté concentrarme. Un pie. Después el otro. Las piernas comenzaron a temblar casi de inmediato y un dolor sordo recorrió mis músculos, como si protestaran por obligarlos a recordar algo que habían olvidado durante dos años. —Eso es... no te apresures.Avancé otro paso, después otro y finalmente tuve que detenerme. El aire apenas alcanzaba para llenar mis pulmones. Sentía el cuerpo empapado en sudor. Jamás imaginé que caminar pudiera ser tan difícil.—Por hoy es suficiente. Asentí sin d
Desperté antes de que sonara la alarma. No había dormido bien.Durante toda la noche miré el reloj varias veces, convencida de que apenas habían pasado unos minutos desde la última vez que abrí los ojos. Sin embargo, cuando finalmente decidí levantarme, todavía faltaba casi una hora para la cita en la clínica.Catorce días.Había esperado exactamente catorce días.Me preparé un café que terminé dejando a la mitad sobre la encimera. Intenté responder algunos correos de la oficina, pero descubrí que llevaba varios minutos leyendo el mismo mensaje sin comprender una sola palabra.No podía concentrarme. Solo pensaba en una cosa.Antes de salir del departamento abrí el cajón del baño. Todavía quedaba una prueba de embarazo.La había comprado junto con las otras tres meses atrás, convencida de que probablemente también terminaría en la basura.La sostuve unos segundos entre las manos.—No debería hacerlo —murmuré para mí misma.La doctora había sido muy clara. Esperar al análisis de sangre












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