[Punto de vista de Justin]Un mes después, una leve sensación de que algo no estaba bien finalmente atravesó mi entumecido duelo.Velaba el «cuerpo» de Gracie. Seguía frío, pero en perfecto estado. No tenía ni una sola señal de descomposición.Justo cuando estaba a punto de convocar al maestro de ilusiones más antiguo del clan para que lo examinara, estalló un alboroto desde la dirección del Santuario.Cuando llegué, descubrí que el halo de luz alrededor del hijo de Isolde se había vuelto cegadoramente brillante.Los miembros del clan se retorcían en el suelo, gritando que su maldición de sangre estaba empeorando.Los síntomas, que antes aparecían una vez al mes, ahora eran una tortura diaria.—Esto está mal —me informó un anciano, presa del pánico—. La bendición de un recién nacido debería aliviar nuestro dolor, no intensificarlo.Miré al bebé con atención. Sí brillaba, pero aquella luz me enfermaba. Era como si estuviera cubriendo algo podrido.Justo cuando la duda empezó a
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