Me llamo Román Aguilar y tengo treinta años.Veo cómo mis amigos van encontrando esposas guapas y cariñosas, mientras yo sigo solo. No es una sensación agradable.El problema es que en su momento fui demasiado bruto: una vez mandé a una mujer al hospital.Desde entonces, nadie se atreve a presentarme a alguien.La víspera de San Valentín, mi amigo Tomás Mendoza me llamó:—Ro, ¿este año regresamos juntos al pueblo?Pensé que así tendría compañía en el camino y acepté.El día de San Valentín, Tomás llegó temprano a recogerme. Apenas subí al auto, me llegó un olor inconfundible. Vi a Valentina, su esposa, desplomada en el asiento trasero con la cara colorada, como desmayada.Con esa escena frente a mí, no hacía falta adivinar lo que había pasado.Tomás notó que mi expresión cambió y se puso incómodo:—Perdona... mi esposa no me dejaba en paz y no pude controlarme...Miré a Tomás, fresco como si nada, y luego a Valentina, tan satisfecha que se había desmayado. Los envidié bastante, con una
Read more