Masuk—¡Ay, qué duro!... como que ya te urgía, ¿no? Esa noche de San Valentín, mi amigo, su esposa y yo regresábamos al pueblo en auto. Lo que no esperaba era que su esposa, medio dormida, me confundiera. Su mano suave me acariciaba los muslos duros como piedra, una y otra vez. Y de vez en cuando frotaba sus meloncitos blancos contra mí: —Amor... juega con tu zorrita. ¿Cómo iba a aguantarme al escuchar eso?...
Lihat lebih banyakEn el momento crítico, Valentina me advirtió:—Mmh... hoy no estoy en mi período seguro...Esas palabras estallaron en mi cabeza como un cohete.—Entonces lo de esta tarde...Estaba nervioso; hasta la voz me temblaba.A fin de cuentas, yo solo quería disfrutar la emoción, no cargar con las consecuencias.Valentina se sonrojó un poco y volteó la cara, con la voz más baja:—No pasa nada... yo... ya me limpié...No pregunté qué método había usado.Lo importante era que pude soltar el aire.—Espérame, voy a buscar en mi bolsa...Recordé que tenía una caja de condones a medias, así que le di una palmadita a Valentina para que esperara.Valentina asintió y me vio alejarme.Entre ir, agarrar lo que necesitaba y volver, no pasaron más de dos minutos.Hasta Valentina se sorprendió:—¿Cómo llegaste tan rápido?—¿Soy rápido? —pregunté con una sonrisa pícara.Valentina entendió lo que quise decir, se le encendió la cara y me regañó:—¡Idiota, odioso!El tiempo apremiaba y no quería desperdiciarlo,
El resto del trayecto lo pasé casi todo intercambiando miradas cómplices con Valentina.Nunca imaginé que en San Valentín el destino me trataría tan bien, enviándome una amante.Estaba feliz por dentro, y de vez en cuando revivía la emoción de lo que había pasado antes.Antes de que anocheciera, por fin llegamos al pueblo.Era tarde, y pensé que Tomás y Valentina no tendrían nada de comer en casa, así que propuse que se quedaran a cenar.Tomás dudó al principio, preocupado de que Valentina se sintiera incómoda.Lo que no esperaba era que ella aceptara:—Claro… no te molestes, Ro…Escucharla llamarme Ro frente a Tomás me aceleró el corazón todavía más.Antes de llegar, ya les había avisado a mis papás.Así que al llegar, la casa tenía lista una cena caliente.Los papás de Tomás habían muerto hace mucho tiempo. Esta vez había vuelto al pueblo a pasar las fiestas con la familia.Mis papás conocían a Tomás: a fin de cuentas, habíamos crecido juntos desde chicos como si fuéramos hermanos.A
—Ay… me duele…Valentina se desplomó sin fuerzas y se recostó en mis brazos, jadeando.Como ella había tomado la iniciativa, no me pareció bien rechazarla.Así que le levanté el mentón con la mano, obligándola a alzar la cara y mirarme.—¡Zorra! ¡Abre la boca!Valentina obedeció sin chistar y abrió despacio su boquita, asomando la punta de su lengüita rosada.Al verla, me ardió todo por dentro.Bajé la cabeza y la besé.La besé con desesperación, saboreando su dulzura y tragando su saliva sin parar.Qué dulce… qué delicia…En el baño vacío, solo se oían los sonidos húmedos de nuestros besos.Indecente. Sucio y descarado.La calentura no hacía más que crecer hasta consumirme.—¿Por qué no tomas tú la iniciativa? —Sonreí con malicia, tentándola.Valentina me miró con coquetería y, para mi sorpresa, se dio la vuelta y se apoyó contra la pared.Fue alzando poco a poco sus pompas blancas y las sacudió un par de veces:—Ven… papi… Román…Mi razón se derrumbó y jalé el cierre.Lo que vino des
—¡Mujercita, qué atrevida eres!Sin poder evitarlo, le pellizqué la carne suave del costado y sonreí con malicia.Valentina se retorció sin darle importancia y comenzó a apurarlo:—¿Qué esperas?... Ya no aguanto más...Cuando estaba listo para pasar a la acción, Tomás dijo:—¿Necesitan ir al baño? Hay un paradero más adelante...Al escuchar su voz, los dos nos quedamos paralizados en el acto.Por suerte Tomás no volteó, de lo contrario... no había forma de ocultar lo que estaba pasando entre Valentina y yo.Yo fui el primero en reaccionar y tomé la chamarra para cubrirla.Solo entonces, respirando más tranquilo, respondí:—Claro... vamos al baño.Tomás asintió y comenzó a conducir hacia el paradero.A punto de llegar, era obvio que Valentina y yo no podíamos seguir.Estaba algo reacia; tenía los labios apretados y muchísimas ganas.Aprovechando que Tomás no estaba viendo, le susurré:—No te desesperes... ¿no es mejor seguir en el baño?Al escuchar eso, los ojos de Valentina se iluminar
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