Adelina Salas había descubierto que existían pocas cosas en la vida capaces de ponerla nerviosa.Había saltado de un avión, subido montañas, se había trepado en un globo aerostático, había recorrido lugares sin pedirle permiso a nadie y, durante años, se había acostumbrado a tomar decisiones con la misma facilidad con la que otras mujeres elegían qué zapatos ponerse.Si algo le gustaba, lo hacía; si quería irse, se iba; si alguien intentaba detenerla, encontraba la manera de pasarle por encima y, si le decían que no podía… Bueno, eso generalmente significaba que tenía que hacerlo.Por eso resultaba ridículo que estuviera parada en medio de una casa enorme, hermosa, perfectamente amueblada y escandalosamente costosa, sintiendo algo muy parecido al miedo.—No me gusta.Patrik la miró atento; estaba sentado en uno de los sillones de la sala, con una pierna cruzada sobre la otra, revisando algo en su teléfono, pero ni siquiera pareció sorprendido; eso solo consiguió irritarla.—¿Escuchaste
Última actualización : 2026-09-26 Leer más