### 2 Cambió la lengua por dos dedos gruesos, curvándolos perfectamente contra mi punto G mientras su boca volvía a mi clítoris, mamando a ritmo. —Joder, cómo me aprietas los dedos —gruñó guarrísimo—. Cógelo, nena. Inúndame la mano con ese jugo tan dulce. Suéltalo. Me corrí durísimo en su cara, con los muslos temblando alrededor de su cabeza, gritando mientras mis paredes se contraían y la humedad fresca me inundaba la lengua y los dedos. —¡Ahhh! ¡Oh, Dios mío! ¡Sí! ¡Nnnngh! Alex subió por mi cuerpo, con la polla pesada y goteando contra mi muslo. Me restregó mis propios fluidos por el vientre, con los ojos oscuros y salvajes. —Tu turno, nena. Enséñame cómo usas esa boquita tan mona. Hazme gemir igual que he hecho yo contigo. Me me escurrí por la cama, con los nervios y la excitación revueltos en el estómago. Le rodeé el rabo grueso con la mano... se sentía tan caliente y pesado. Le lamí la cabeza primero, saboreando el líquido preseminal salado, y luego me lo metí en
Última actualización : 2026-08-31 Leer más