El hotel estaba en el boulevard del puerto, tres niveles de piedra clara y ventanales discretos, con esa clase de elegancia que Mónaco usaba para recordarle a cualquiera que pudiera pagarla que la calma también era un privilegio.Damián condujo.Franco y Adriana iban en el asiento trasero, sin la distancia que antes habrían puesto entre los dos como una posición táctica. No fue una decisión. No hubo un acuerdo, ni una mirada previa, ni una corrección del espacio. Simplemente, el auto no admitía ya esa separación como si fuera neutral.Adriana lo notó antes de querer notarlo.La pierna de Franco estaba a pocos centímetros de la suya. Su mano descansaba sobre la rodilla, quieta, pero los tendones marcados bajo la piel decían lo que su rostro todavía no permitía leer. La tensión no estaba en el movimiento. Estaba en todo lo que contenía.—Beatrice entró hace dieciséis minutos —dijo Damián desde el volante—. No salió.—¿Llegó al piso? —preguntó Franco.—No hay registro de ascensor todavía
Last Updated : 2026-05-27 Read more