Viví en ese pueblo con otro nombre, mudándome cada cierto tiempo de un lugar a otro, no para esconderme de nadie, sino porque esperaba encontrar a Valentina. Quizás ella también había llegado, solo que tampoco sabía dónde estaba yo. Guardaba su bolso con cuidado y nunca lo abrí; estaba convencido de que algún día vendría.En noviembre del 2023 regresé.Volví porque por fin di con una compañera de Valentina. Me dijo que estaba en prisión. Doce años. Todavía guardaba el periódico de ese año; en “El Vespertino de Morelia”, una nota que saltaba a la vista: “Pelea conyugal termina en tragedia; sospechosa se entrega de madrugada”.Abrí el bolso de Valentina. Adentro solo había un fajo de fotos. Desnuda, bella como un ángel.A finales de noviembre era el cumpleaños de Esteban. Fui al cementerio a verlo y me encontré con un desconocido parado frente a su tumba. Era delgado, usaba lentes, y estaba ahí de pie sin decir nada.Puse unas flores y me quedé un momento en silencio y, al terminar, le p
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