LOGINMi mejor amigo me emborrachó para que me acostara con su esposa. Pensé que era una de sus fantasías. No fue sino hasta que lo metieron preso que entendí que eso era solo el principio. Lo que nunca imaginé fue que, cuando salió de la cárcel, me convertiría en cómplice de su muerte.
View MoreViví en ese pueblo con otro nombre, mudándome cada cierto tiempo de un lugar a otro, no para esconderme de nadie, sino porque esperaba encontrar a Valentina. Quizás ella también había llegado, solo que tampoco sabía dónde estaba yo. Guardaba su bolso con cuidado y nunca lo abrí; estaba convencido de que algún día vendría.En noviembre del 2023 regresé.Volví porque por fin di con una compañera de Valentina. Me dijo que estaba en prisión. Doce años. Todavía guardaba el periódico de ese año; en “El Vespertino de Morelia”, una nota que saltaba a la vista: “Pelea conyugal termina en tragedia; sospechosa se entrega de madrugada”.Abrí el bolso de Valentina. Adentro solo había un fajo de fotos. Desnuda, bella como un ángel.A finales de noviembre era el cumpleaños de Esteban. Fui al cementerio a verlo y me encontré con un desconocido parado frente a su tumba. Era delgado, usaba lentes, y estaba ahí de pie sin decir nada.Puse unas flores y me quedé un momento en silencio y, al terminar, le p
—¿Por detrás?Tardé un segundo en entenderla.Pero Valentina ya se había acercado. Me rodeó con los brazos y apoyó la cara en mi pecho:—Tengo el presentimiento de que esto ya no va a durar. Si en serio nos divorciamos, ¿te casarías conmigo?Sabía que aunque Esteban aceptara divorciarse de Valentina, mi madre nunca lo aprobaría.Aun así la abracé fuerte:—¿Cómo no iba a querer?Valentina se rio, con los ojos todavía húmedos:—Si lo hubiera sabido antes, ¿para qué aguantamos todos estos años? Con que me digas eso me basta. Aunque nunca lleguemos a casarnos, te lo agradezco.Valentina tenía la espalda suave. Ese cuerpo lo había visto incontables veces; cada parte grabada en mi memoria.Pero era la primera vez que lo tocaba de verdad.Octubre ya traía algo de frío, pero el cuerpo entre mis brazos ardía.En esa habitación, uno vestido y ella sin un hilo encima, pero los dos igual de encendidos.Valentina me acarició la cara:—Andrés, que me desees me hace feliz de verdad. La seguridad de u
Durante bastante tiempo después de aquello, Valentina mostró un arrepentimiento enorme, y a veces hasta podía sentir que hacía un esfuerzo deliberado por agradarme.Empezó a vigilar su comportamiento: dejó de ir a los bares y apenas salía a caminar por las noches. Sin embargo, su ánimo comenzó a decaer, como una flor que se marchita poco a poco sin agua.Tuve dos relaciones que no llevaron a ningún lado, y cuanto más pasaba el tiempo, más convencido estaba de que Valentina era la persona que buscaba.Mi madre se fue poniendo más ansiosa. Suspiraba seguido y me decía:—Tan joven, y con todo lo que tienes, ¿por qué no te puedes casar para que yo pueda estar tranquila por fin?***Un día, cuando subí al departamento, Valentina me dijo que le habían reducido la condena a Esteban.Estaba sentada en el sillón, distraída, y preguntó:—¿Crees que ya no merezco esperarlo?Le dije que claro que sí, que casarse con ella era el mayor premio que Esteban había sacado en la vida, y que no faltaba qui
En ese momento, sentí un golpe en el alma.Valentina era mi amor. Me había rechazado, yo la había rechazado a ella, pero de todos modos los dos habíamos caído sin remedio en ese remolino.Para mí, ella me pertenecía, en cuerpo y alma, al menos hasta que Esteban volviera.Era la primera traición que me tocaba vivir, aunque en sentido estricto no tenía ningún derecho de llamarla así.No tenía ningún derecho de reclamar nada. Solo podía quedarme en la oscuridad viendo cómo se hundía.Valentina tenía las mejillas todavía sonrojadas después del acto, pero sin rastro de sonrisa. En sus ojos había algo que no encajaba con el momento: una pesadumbre, una soledad.Cuando tiró el pañuelo, miró hacia la puerta y me vio.Quizás fue tan inesperado que se quedó paralizada, ni siquiera alcanzó a gritar. Solo me miraba fijamente. Tal vez no me reconoció, pero yo sabía que podía sentir que era yo.Se le notó la vergüenza sin disimulo. Le empezaron a temblar las manos, buscó a tientas las sábanas sobre
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