Dos meses. Durante dos meses enteros, usé cada recurso que la familia Falcone poseía. Cada red, cada informante, cada conexión. Pero era como si Rosabella se hubiera desvanecido de la faz de la tierra. Nada.—Don, hemos revisado Suiza, Francia, Italia... todas partes —informó Vincent, de pie frente a mí—. No dejó rastro.Me senté en mi estudio, con una botella de whisky a medio vaciar sobre el escritorio. Era la tercera del día.—Sigan buscando —dije con voz ronca—. Encuéntrenla. No me importa si tienen que destruir el mundo para lograrlo.—Sí, Don.Vincent se fue y la habitación quedó en un silencio sepulcral. Tomé mi vaso y lo vacié de un trago. El licor quemaba en mi estómago, pero no podía quemar el dolor. [Rosabella, ¿dónde demonios estará? ¿Tiene idea de cuánto la extraño?] No puedo dormir. Cada vez que cierro los ojos, la veo en esa prisión. Veo las cicatrices en su cuerpo. Pienso en los tres años que perdí.—¿Papi?Una voz tímida vino desde la puerta. Me giré para ve
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